Mascotas en vez de hijos: la nueva forma de construir familia entre jóvenes de La Serena y Coquimbo

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Mascotas en vez de hijos: la nueva forma de construir familia entre jóvenes de La Serena y Coquimbo

La escena se repite cada vez con mayor frecuencia en hogares de La Serena y Coquimbo: camas compartidas con gatos o perros, celebraciones de cumpleaños para mascotas y rutinas organizadas en torno a su cuidado. No se trata solo de cariño por los animales, sino de una transformación más profunda en la forma en que las nuevas generaciones entienden la maternidad, la paternidad y los vínculos afectivos.

Según un estudio de la firma Honest Paws, un 72% de los millennials, personas nacidas entre 1981 y 1996, prefiere tener mascotas antes que hijos. El fenómeno, conocido como pet parenting, da cuenta de un cambio cultural donde los animales ocupan un lugar central en la vida emocional, muchas veces equivalente al de un hijo.

En Chile, esta tendencia comienza a hacerse visible, especialmente entre mujeres jóvenes profesionales que priorizan su desarrollo personal, estabilidad económica y bienestar emocional antes de considerar la maternidad.

Libertad, costos y un futuro incierto

Para Loreto Olivares (31), profesional del área de la salud, la decisión ha sido clara desde siempre. “Nunca he tenido la intención de tener hijos”, afirma. Su prioridad está en el desarrollo profesional y la independencia económica, aspectos que, según explica, se vuelven más complejos con la crianza.

A ello se suma un factor clave: la incertidumbre. “Está todo muy caro, muy inestable. No hay seguridad de que un hijo pueda siquiera tener acceso a educación”, señala a #EsHoy, mencionando casos cercanos de familias que han enfrentado dificultades para encontrar cupos escolares.

En este escenario, sus gatos ocupan un rol central. “Son mis guaguas. Me acompañan en todo momento, me entregan cariño y alegría”, dice. Para ella, lejos de ser una sustitución, se trata de una forma distinta, y más acorde a su estilo de vida, de construir afecto.

Una decisión consciente

Constanza Henríquez (36), abogada de La Serena, coincide en que la decisión no es casual. En su caso, está atravesada también por una mirada global. “El mundo está sobrepoblado y el cambio climático es una realidad. Traer más personas implica una responsabilidad enorme”, plantea.

En conversación con #EsHoy, Henríquez valora profundamente la libertad que ha construido: tiempo, proyectos personales y una vida alineada con sus prioridades actuales. No descarta la adopción en el futuro, pero no se proyecta como madre biológica.

Su mascota, de 17 años, es un vínculo fundamental. “Es compañía, afecto, un lazo muy profundo. Es el ser más importante para mí”, afirma.

Aunque reconoce haber sentido presión familiar en un inicio, hoy su entorno respeta su decisión, reflejando también un cambio generacional en la forma de entender estos temas.

Entre la presión social y la postergación

Más que una negativa definitiva, para muchas mujeres se trata de una postergación. Javiera Esper (28), nutricionista en La Serena, lleva siete años en pareja y ha enfrentado preguntas constantes sobre cuándo tendrá hijos.

“Prefiero enfocarme en mi desarrollo personal y profesional. Ser mamá implica una responsabilidad enorme y quiero estar realmente preparada”, expresa.

En su caso, su mascota ocupa un lugar importante, aunque hace una distinción: “Es parte de mi familia, pero no reemplaza a un hijo. Es un vínculo distinto, muy especial”.

Esper reconoce que una de las principales desventajas es la presión social, especialmente hacia las mujeres. “Se espera que podamos hacerlo todo bien, sin dejar nada de lado, y eso no es tan fácil”.

Un cambio cultural en marcha

El fenómeno del pet parenting no solo responde a decisiones individuales, sino a transformaciones estructurales, tales como, el alto costo de la vida, la precariedad laboral, el acceso a la vivienda, entre otros.

Además, existe una resignificación del concepto de familia. Las mascotas dejan de ser solo compañía para convertirse en miembros centrales del hogar, con vínculos emocionales profundos y dinámicas de cuidado que, en muchos casos, replican aspectos de la crianza.

Si bien para algunos especialistas esto no reemplaza completamente la experiencia de la maternidad o paternidad, sí evidencia una diversificación de los proyectos de vida.

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