La Serena y los cielos que marcaron a la astrónoma que hoy acerca el universo en TV

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La Serena y los cielos que marcaron a la astrónoma que hoy acerca el universo en TV

En un país donde el cielo nocturno es parte del patrimonio, la voz de Catalina Urrejola se ha vuelto cada vez más reconocible. Con un lenguaje claro, pausado y cercano, la doctora en astronomía aparece con frecuencia en matinales, noticieros y plataformas digitales para explicar eclipses, planetas o fenómenos cósmicos que, hasta hace no mucho, parecían reservados solo para especialistas.

A sus 38 años, Urrejola no solo ha construido una sólida carrera en el estudio de la cinemática y dinámica de galaxias, sino que también se ha convertido en un puente entre la ciencia y la vida cotidiana. “Siempre me gustó explicar lo que iba aprendiendo”, comenta a #EsHoy. Ese impulso, que comenzó en actividades escolares y charlas en universidades, fue creciendo de manera orgánica hasta instalarla frente a audiencias masivas. Su estilo, basado en analogías simples y ejemplos cotidianos, responde a una convicción profunda: «la ciencia no debe ser lejana ni exclusiva», sostiene.

Su paso por la Universidad de La Serena, donde cursó el doctorado tras completar su formación previa, fue determinante. No solo por la calidad académica, sino por el entorno. “Es un lugar espectacular para vivir y, en términos astronómicos, es un polo científico mundial”, señala. La cercanía con algunos de los observatorios más importantes del planeta, sumada a la llegada constante de investigadores internacionales, reforzó su vocación. “Ver a expertos de todo el mundo llegar ahí por sus cielos es una motivación enorme”.

El desafío de comunicar ciencia

Hoy, desde su rol en el equipo de divulgación del Observatorio Nacional, su presencia en medios responde a una necesidad concreta: traducir. “Buscan claridad, bajar conceptos complejos a un lenguaje cotidiano”, explica. En tiempos donde la sobreinformación y las teorías erróneas circulan con facilidad, su trabajo también implica entregar certezas y evitar alarmismos. “Muchas veces son procesos naturales que hay que entender como tales”, enfatiza.

El interés del público, asegura, ha crecido de forma sostenida. La expansión de la divulgación científica, el trabajo de agrupaciones de aficionados y el acceso a imágenes de alta calidad han contribuido a acercar la astronomía a más personas. Pero también hay un componente emocional: la experiencia directa. “Ver la cara de alguien observando la Luna o un planeta por primera vez es algo que conecta de otra manera”, comenta.

Para lograr esa conexión, Urrejola insiste en la importancia del lenguaje. Explicar sin tecnicismos no significa simplificar en exceso, sino hacer comprensible. “Si hablas demasiado técnico, la gente se desconecta. La idea es mostrar que la ciencia está en todas partes”, afirma. «En un contexto marcado por la desinformación, este enfoque permite que las personas tomen decisiones informadas y desarrollen pensamiento crítico», indica.

La especialista considera que la ciencia aún necesita más espacio en los medios tradicionales. No solo en cantidad, sino en formato. “Tiene que ser cercana, entretenida, generar conversación”, plantea. En un ecosistema mediático saturado de información, el desafío es captar la atención sin perder rigurosidad.

Ahí, el rol de divulgadores como ella resulta clave. “Hay muchas teorías falsas circulando, y nuestro trabajo es poner la evidencia sobre la mesa”, señala. Frente a narrativas más llamativas pero incorrectas, la ciencia debe competir no solo con datos, sino también con relato.

Fenómenos que nos conectan

Fenómenos como eclipses o lluvias de meteoros, en tanto, funcionan como catalizadores. “Rompen la rutina y se transforman en experiencias compartidas”, explica. Más allá del espectáculo, también invitan a una reflexión mayor: la de formar parte de un sistema mucho más amplio.

En lo cotidiano, su invitación es a aprovechar cualquier oportunidad para observar. “No siempre se necesitan telescopios. Basta con detenerse, adaptarse a la oscuridad y empezar a reconocer lo que está ahí”, dice. Identificar la Luna, planetas o constelaciones puede ser el primer paso para despertar curiosidad.

En ese escenario, Chile ocupa un lugar privilegiado, debido a que la concentración de observatorios y la calidad de sus cielos lo posicionan como una potencia astronómica mundial. Según Urrejola, ese reconocimiento ha ido permeando en la ciudadanía, aunque aún queda camino por recorrer. “Tenemos un patrimonio sobre nuestras cabezas y también la responsabilidad de cuidarlo”, advierte, en alusión a la contaminación lumínica.

Para Urrejola, esa tarea no es solo profesional, sino también ética. Una forma de retribuir la oportunidad de haber estudiado y hacer ciencia en Chile. Porque, como repite, el universo no es exclusivo de unos pocos: está ahí, disponible para cualquiera que quiera, y se detenga, a mirarlo.

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