Coquimbo ya tiene un lugar asegurado en la historia del freestyle. Efraín Jesús Reeve Rivera, “El Menor”, se consagró campeón de la Final Internacional de Red Bull Batalla 2026, firmando una actuación que combinó madurez, convicción y un vínculo profundo con el público.
En un Movistar Arena colmado, con más de 15 mil personas, el coquimbano no solo compitió. Interpretó el momento. Supo leer la historia que tenía enfrente: dos finales internacionales previas en Chile (2015 y 2021) sin representantes locales en la definición, una escena consolidada pero aún sin corona global, y una expectativa que esta vez sí tenía nombre propio.
“El Menor” respondió con una performance que fue de menos a más en el relato, pero siempre firme en ejecución. Su camino – Reverse, Teorema, Valles-T – no solo evidenció nivel competitivo, sino también madurez escénica. En la final ante el peruano Almendrades, esa mezcla terminó por decantar en un triunfo sin discusión: fallo unánime y cinturón en casa.
Así fue la final
El camino del éxito
Pero la lectura de su consagración no se agota en lo ocurrido sobre el escenario. En la conferencia de prensa posterior, lejos del tono grandilocuente que suele acompañar estas instancias, “El Menor” optó por una narrativa más íntima, incluso incómoda para los códigos habituales del éxito. Evitó el lugar común de la épica personal y desplazó el foco hacia algo más colectivo.
“No me gusta andar pegándome con la piedra en el pecho”, dijo, marcando distancia con el relato del sacrificio como espectáculo. “Todos tenemos nuestra historia, todos hemos pasado cosas y hemos tenido que salir de eso”.
Su discurso, fragmentado pero honesto, dejó ver otra capa del campeón: la de alguien que reconoce los momentos de duda, las críticas tempranas —cuando su irrupción fue leída como pasajera— y los episodios más complejos de su exposición pública. “Hubo momentos en que me decían que era una moda, que me quitaban todas las rimas por ser chico. Tuve que demostrar, persistir. Si no hubiera tenido fuerza de voluntad, habría desistido”, reconoció.
“He tenido momentos polémicos, situaciones difíciles, gente que me ha tirado odio. Pero siempre me enfoqué en lo bueno”, afirmó. No como declaración defensiva, sino como una forma de explicar su permanencia.
Y, finalmente, la proyección. Porque si algo dejó claro tras su triunfo, es que su historia no busca instalarse como excepción, sino como posibilidad: “A todos los niños, no solo de Chile sino del mundo, les digo que se propongan lo que quieran. No se va a dar de una, pero todo se puede”.
La frase, lejos de sonar ingenua, cobra sentido en su contexto. En un circuito donde la exposición es inmediata y el olvido también, “El Menor” parece haber entendido que el verdadero desafío no era solo ganar, sino sostenerse hasta hacerlo.
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