¿Por qué fue tan destructivo? Las claves del terremoto de Punitaqui a 29 años de la tragedia

Facebook
WhatsApp
X

¿Por qué fue tan destructivo? Las claves del terremoto de Punitaqui a 29 años de la tragedia

Eran las 22:03 horas del martes 14 de octubre de 1997 cuando un fuerte movimiento telúrico interrumpió la tranquilidad de la Región de Coquimbo. En cuestión de segundos, el ruido de la tierra, la caída de objetos y los cortes de electricidad transformaron una noche habitual en una de las emergencias más recordadas de la historia reciente de la zona.

El terremoto de Punitaqui, de magnitud 7,1 Mw, dejó ocho personas fallecidas, más de 300 heridas y miles de familias damnificadas. Su impacto fue especialmente severo en las comunas de Punitaqui y Ovalle, donde numerosas construcciones de adobe no resistieron la intensidad del movimiento.

Este miércoles 14 de octubre de 2026 se cumplen 29 años de aquella tragedia que marcó a generaciones de habitantes de la Región de Coquimbo y puso en evidencia la vulnerabilidad de las viviendas frente a determinados tipos de terremotos.

La noche en que la tierra sacudió al Limarí

De acuerdo con los antecedentes del Centro Sismológico Nacional (CSN) de la Universidad de Chile, el terremoto se produjo a una profundidad de 56 kilómetros, con su hipocentro ubicado aproximadamente ocho kilómetros al noroeste de Punitaqui.

El movimiento fue percibido en una extensa zona del país, desde la Región de Antofagasta hasta el Biobío. Sin embargo, sus consecuencias más graves se concentraron en la Región de Coquimbo, particularmente en las localidades cercanas a la zona epicentral.

Para numerosos habitantes, especialmente los más jóvenes, fue el primer terremoto de gran magnitud que experimentaron. La oscuridad provocada por las interrupciones del suministro eléctrico, los daños en las viviendas y la incertidumbre sobre lo ocurrido marcaron las horas posteriores al sismo.

En Ovalle, sectores residenciales sufrieron importantes daños estructurales, mientras que en Punitaqui el colapso de construcciones dejó a numerosas familias sin hogar. Las viviendas de adobe, habituales en localidades rurales y poblados tradicionales del Limarí, estuvieron entre las más afectadas.

Los balances oficiales recogidos por el CSN establecieron que al menos 5.000 viviendas fueron destruidas y alrededor de 15.700 resultaron dañadas, principalmente en los alrededores del epicentro.

La emergencia también afectó infraestructura y servicios básicos, dificultando las primeras labores de asistencia y recuperación.

¿Por qué fue tan destructivo el terremoto de Punitaqui?

Una de las particularidades del terremoto de 1997 fue su origen geológico. A diferencia de otros grandes sismos registrados en Chile, no se produjo por el deslizamiento entre las placas de Nazca y Sudamericana en su zona de contacto.

Según explicó Mario Pardo, subdirector del Centro Sismológico Nacional, se trató de un terremoto intraplaca de profundidad intermedia, originado por una ruptura al interior de la placa de Nazca, que se introduce bajo el continente sudamericano.

Esta característica ayuda a comprender por qué un terremoto de magnitud 7,1 pudo provocar daños tan significativos en superficie.

El especialista explicó que este tipo de movimientos libera una mayor proporción de energía en altas frecuencias, lo que puede resultar especialmente perjudicial para estructuras rígidas y vulnerables, como las construcciones de adobe.

A ello se suma otra particularidad: mientras que muchos terremotos de profundidad intermedia se producen por esfuerzos de extensión, el de Punitaqui ocurrió por compresión.

Este comportamiento se relaciona con la geometría de la placa de Nazca bajo la zona, donde presenta una disposición casi horizontal a profundidades cercanas a los 100 kilómetros, fenómeno conocido como subducción plana.

La configuración genera condiciones de presión que pueden provocar rupturas en el interior de la placa. También está vinculada con la ausencia de volcanes activos en una extensa franja del territorio comprendida entre Copiapó y Santiago.

Por su origen y profundidad, el terremoto de Punitaqui tampoco reunió las condiciones necesarias para generar un tsunami.

La relación con otros grandes terremotos de la región

El terremoto de 1997 forma parte de una historia sísmica que ha marcado profundamente a la Región de Coquimbo.

Aunque ha sido relacionado con el terremoto de 1943, ambos tuvieron mecanismos de origen diferentes. Mientras el primero se produjo al interior de la placa de Nazca, el segundo correspondió a un terremoto interplaca, asociado al contacto entre las placas tectónicas.

Este último mecanismo también caracterizó al terremoto de Illapel de septiembre de 2015, que alcanzó una magnitud de 8,3 Mw y provocó un tsunami en las costas de la región.

Pardo ha señalado que durante los meses previos al terremoto de Punitaqui se registraron movimientos de magnitud superior a 6 frente a las costas de Coquimbo y La Serena.

Según la interpretación del especialista, aquella actividad pudo contribuir a una redistribución de esfuerzos hacia sectores más profundos, favoreciendo las condiciones que desencadenaron la ruptura de octubre de 1997.

El proceso posterior también incluyó réplicas de distinta naturaleza, tanto al interior de la placa como en la zona de contacto entre ambas placas tectónicas.

Estas interacciones han sido estudiadas para comprender cómo los cambios de esfuerzos pueden influir en la actividad sísmica de una misma región a lo largo del tiempo.

Las lecciones que dejó la tragedia

Más allá de sus consecuencias humanas y materiales, el terremoto de Punitaqui representó un importante caso de estudio para la sismología chilena.

Su comportamiento demostró que dos terremotos de magnitudes similares pueden generar daños muy diferentes dependiendo de su profundidad, mecanismo de ruptura y características de la energía liberada.

En particular, el desastre evidenció la vulnerabilidad de las construcciones tradicionales de adobe frente a movimientos con un elevado contenido de altas frecuencias.

Para los especialistas, comprender estas diferencias resulta fundamental al momento de evaluar los riesgos sísmicos y mejorar las condiciones de seguridad de las edificaciones.

A 29 años de aquella noche, el terremoto de Punitaqui permanece en la memoria de quienes vivieron el derrumbe de sus viviendas, las horas de incertidumbre y el largo proceso de reconstrucción.

El paso del tiempo ha transformado aquella emergencia en parte de la historia regional, pero también en un recordatorio de que la preparación, la calidad de las construcciones y el conocimiento científico siguen siendo fundamentales en uno de los países más sísmicos del mundo.

Compartir:

Relacionados: