Dos cócteles, una tabla para compartir y el viaje de regreso a casa pueden convertir una salida entre amigos en un gasto de varias decenas de miles de pesos. Revisamos las cartas de cuatro conocidos restobares de La Serena y conversamos con quienes deben ajustar sus presupuestos para disfrutar de la vida nocturna.
Salir a tomar algo con los amigos puede parecer un panorama sencillo, hasta que llega la cuenta. Un par de tragos, unas papas fritas para compartir y el transporte de regreso a casa son suficientes para que una noche de carrete termine costando bastante más de lo presupuestado.
Y es que, entre cócteles que bordean las 10 lucas y tablas que superan los $30 mil, disfrutar de la vida nocturna serenense también implica sacar cuentas antes de sentarse a la mesa.
Pero ¿cuánto cuesta realmente una noche de carrete en La Serena? En #EsHoy revisamos los precios de las cartas de cuatro conocidos locales de la ciudad: Estación La Serena, Living Beach, Jardín Ulriksen y El Muelle Pub. La comparación permite dimensionar cuánto puede gastar una persona dependiendo de lo que tome, lo que coma y cómo regrese a casa.
De $3.900 a más de $10 mil: lo que cuesta brindar
El primer gasto aparece apenas se abre la carta de tragos. Y aunque las alternativas son variadas, elegir un cóctel u otro puede marcar una diferencia importante en la cuenta final.
Uno de los ejemplos es el Ramazzotti Spritz, que cuesta $6.900 en Jardín Ulriksen y El Muelle Pub, mientras que en Estación La Serena alcanza los $7.800 y en Living Beach llega a $8.500.
Algo similar ocurre con los mojitos. En Living Beach, la versión tradicional cuesta $7.000, aunque las preparaciones premium pueden alcanzar los $10.500. En Jardín Ulriksen se ofrecen opciones desde los $6.900, mientras que en Estación La Serena su valor es de $7.990, independientemente del sabor.
Para quienes buscan una alternativa más económica, el pisco sour presenta diferencias considerables entre los establecimientos. En El Muelle Pub cuesta $3.900, en Estación La Serena $4.200, en Jardín Ulriksen $5.200 y en Living Beach $6.000.
La coctelería más elaborada también tiene su precio. Un Negroni puede costar $7.600 en Jardín Ulriksen, $7.990 en Estación y $9.000 en Living Beach. En tanto, algunas preparaciones de autor se ubican entre los $8.000 y $11.000 por copa.
Así, una persona que pida dos cócteles durante la noche podría gastar entre $8.000 y $22.000 únicamente en bebidas, dependiendo de sus elecciones.
Las promociones permiten reducir parte de ese gasto. Hay varios de estos locales que anuncian schop y piscos 2×1 los miércoles, además de un 20% de descuento en cócteles de la casa los jueves.
Eso sí, aprovechar estas ofertas implica cambiar el tradicional carrete de viernes o sábado por una salida durante la semana.
Las papas fritas que pueden costar más de 20 lucas
Si los tragos representan una parte importante del presupuesto, pedir algo para comer puede elevar considerablemente la cuenta.
En Estación La Serena, la Tabla Picoteo Chileno, que incluye papas fritas, carne de vacuno, huevo frito, cebolla, champiñones y pimientos asados, cuesta $25.000.
En Living Beach, las tablas para compartir parten en $21.990, mientras que en El Muelle Pub comienzan en $28.900.
Por su parte, Jardín Ulriksen ofrece papas fritas con salsa de queso a $14.500, preparación que aumenta a $20.900 al incorporar carne.
Las opciones más grandes, pensadas para grupos de tres o cuatro personas, pueden superar los $32.000, dependiendo del local y de los ingredientes.
También existen alternativas vegetarianas. El Muelle Pub y Living Beach ofrecen preparaciones de ceviche sin carne por $12.900 y $12.990, respectivamente, mientras que Jardín Ulriksen cuenta con una tabla vegetariana para compartir a $18.900.
Sin embargo, más allá de los valores, hay quienes cuestionan cuánto se recibe a cambio de lo que se paga.
“Cuando uno sale a carretear, también lo hace para darse un gusto, compartir con amigos y pasarlo bien. Pero pagar casi 20 lucas por una porción de papas fritas con un poco de queso derretido igual es harto. Más que el precio en sí, lo que cuestiono es la relación precio-calidad, porque muchas veces lo que te sirven no justifica lo que estás pagando”, comenta Camila Cortés (28).
Para ella, el problema no termina en la comida o los tragos. También hay que considerar los gastos que aparecen antes y después de sentarse en el bar.
“Y a eso hay que sumarle el Uber de ida y vuelta, porque si voy a tomar algo, prefiero hacerlo tranquila y no manejar. Al final, una salida termina costando mucho más de lo que uno tenía pensado. Por eso, muchas veces prefiero organizar algo en la casa, donde gastamos menos, comemos mejor y lo pasamos igual de bien”, agrega.
¿Cuánto termina pagando cada persona?
Para aterrizar los precios, consideremos una salida de cuatro amigos que comparten una tabla, mientras cada uno pide dos Ramazzotti Spritz. En Estación La Serena, los ocho cócteles suman $62.400. Si se agrega una Tabla Picoteo Chileno de $25.000, la cuenta alcanza los $87.400.
Al incorporar una propina sugerida del 10%, el total llega a $96.140. Dividido entre cuatro personas, cada una terminaría pagando $24.035.
En Living Beach, el mismo ejercicio, considerando una tabla de $21.990 y ocho Ramazzotti de $8.500, arroja una cuenta de $89.990 antes de propina. Con el 10% adicional, el gasto individual alcanza aproximadamente los $24.747.
Es decir, en estos dos ejemplos, una salida con dos cócteles y comida compartida implica desembolsar cerca de $25 mil por persona, sin considerar transporte, entradas a discotecas ni consumos adicionales.
Por supuesto, el monto puede reducirse si se eligen tragos más económicos, se aprovechan promociones o se limita el consumo. También puede aumentar rápidamente si aparecen nuevas rondas o preparaciones más costosas.
Entre 40 y 50 lucas por noche: cuando salir requiere presupuesto
Para Valeria Sarabia, trabajadora independiente de Coquimbo, una noche de carrete puede significar un desembolso bastante mayor. Entre bebidas, comida y transporte, calcula que gasta habitualmente entre $40.000 y $50.000 por salida.
“Al sumar todo, termina siendo un gasto importante para una sola noche. Por eso, trato de tener claro cuánto puedo gastar antes de salir, porque es fácil que la cuenta suba sin darse tanta cuenta”, explica.
Ese monto también ha influido en la frecuencia con que sale. Aunque reconoce que las ganas de compartir y distraerse siguen presentes, hoy prefiere seleccionar mejor los panoramas para evitar que el entretenimiento termine afectando sus finanzas.
“Hoy ya no es llegar y salir. Hay que planificar con anticipación, revisar cuánto va a costar el panorama y ver si ese gasto cabe dentro del presupuesto del mes. Una tiene ganas de salir, distraerse y compartir, pero también tiene otras prioridades”, comenta.
La situación la ha llevado a reducir sus salidas y priorizar aquellas ocasiones que considera más importantes.
“No es que hayan desaparecido las ganas de pasarlo bien, pero sí tengo que organizarme mejor y decidir a qué salidas darles prioridad”, señala.
Para cuidar el bolsillo, Valeria ha incorporado algunas estrategias. Una de ellas es fijar un monto máximo antes de salir y buscar entradas de cortesía cuando el panorama incluye una discoteca.
“La idea es poder disfrutar y compartir, pero sin que una salida termine desordenando las cuentas del mes”, resume.
Su experiencia muestra cómo el costo de una noche puede influir en decisiones que van más allá de elegir un trago o compartir una tabla: desde cuántas veces salir durante el mes hasta qué panoramas vale la pena priorizar.
El último gasto de la noche: volver a casa
Cuando llega la hora de retirarse, todavía queda un desembolso que muchas veces no se considera al organizar el panorama: el transporte.
Para quienes consumen alcohol y prefieren evitar conducir, las aplicaciones de transporte aparecen como una alternativa. Sin embargo, el valor del viaje depende de factores como la distancia, la demanda y el horario.
El traslado también puede representar un gasto importante para quienes viven en Coquimbo y salen a locales de La Serena, especialmente si deben regresar durante la madrugada.
A esto se suma otro desembolso si la noche continúa en una discoteca, donde el precio de la entrada debe incorporarse al presupuesto junto con los eventuales consumos en el recinto.
Precisamente por eso, buscar entradas de cortesía se ha convertido en una de las alternativas que utiliza Valeria para reducir el costo total de sus salidas.
¿Una salida especial o mejor una junta en casa?
Mientras Camila Cortés cuestiona la relación entre lo que paga y lo que recibe, Valeria Sarabia pone el acento en la necesidad de organizar sus gastos para seguir disfrutando de la vida nocturna sin comprometer otras prioridades.
Son dos maneras de enfrentar una misma situación. Una prefiere, muchas veces, organizar reuniones en casa; la otra opta por salir con menos frecuencia, fijar un presupuesto y aprovechar oportunidades para ahorrar.
Los precios revisados muestran que, incluso sin grandes excesos, una salida puede bordear las 25 lucas por persona antes de considerar el regreso a casa. Y, como refleja la experiencia de Valeria, el gasto puede alcanzar los $50 mil cuando se suman todos los consumos y traslados.
Al final, el panorama sigue siendo el mismo: conversar, compartir con amigos y pasar un buen rato. Lo que cambia es cuánto hay que desembolsar para disfrutarlo.
Porque las ganas de carretear pueden seguir intactas, pero el presupuesto también tiene la última palabra.


