Lluvias de piedras y huesos, una muñeca que se movía sola, una voz que llamaba a un agricultor cada noche y un supuesto hombre que levitaba. En 1976, una modesta vivienda ubicada en el sector de Cutún, en el Valle del Elqui, se transformó en el escenario de uno de los episodios paranormales más conocidos y documentados de Chile. Casi cinco décadas después, el caso continúa sin una explicación concluyente.
El jefe de hogar era Nicasio Torres, un joven técnico agrícola que buscaba iniciar una vida tranquila junto a su esposa y su pequeña hija. Sin embargo, esa tranquilidad duró apenas unos días.
Las primeras piedras
Según los relatos recogidos posteriormente por investigadores, medios de comunicación y testigos, todo comenzó una tarde cuando piedras empezaron a caer dentro de la vivienda sin una causa aparente.
Alarmado, Torres acudió a su vecino, Gabriel Orrego, para pedir ayuda. La respuesta inicial fue de incredulidad. Orrego atribuyó el relato al cansancio o al estrés y le sugirió descansar.
Pero los fenómenos continuaron. Tras insistir durante varios días, Torres logró convencer a su vecino para que lo acompañara a la casa. Orrego llegó junto a su sobrino Ángel y un amigo identificado como Manuel Rojo. En un principio, no observaron nada fuera de lo común.
La situación cambió cuando Rojo salió al pozo ubicado detrás de la vivienda para beber agua. Según el testimonio reconstruido años después, una piedra pasó frente a él e ingresó a la casa. Instantes más tarde, otra roca impactó directamente sobre su hombro.
Desde ese momento, los visitantes decidieron permanecer en el lugar.
La escalada de los fenómenos
Lo que comenzó como una lluvia de piedras pronto derivó, según múltiples testimonios, en una serie de episodios cada vez más difíciles de explicar.
Piedras, huesos humanos, herraduras, clavos y otros objetos aparecían dentro de la vivienda o atravesaban el techo y las paredes. Puertas y ventanas se abrían y cerraban solas. En los muros surgían extraños rasguños que, de acuerdo con algunos presentes, parecían formarse sin que nadie los provocara.
Gabriel Orrego recordaría años después uno de esos episodios. «Recuerdo que una vez salté por una de las ventanas hacia el exterior, porque nadie se atrevía a salir cuando aparecían estos rasguños. Desde afuera pude observar como si una mano transparente los causara, mientras la madera iba mostrando pequeñas trazas en forma espontánea».
Con el paso de los días, los supuestos fenómenos comenzaron a concentrarse durante las noches, intensificándose, según los testigos, poco antes de las 23:55 horas.
La muñeca que saltó sobre una niña
Una muñeca de trapo utilizada por la esposa de Torres para guardar agujas y alfileres cayó desde la pared donde permanecía colgada. De acuerdo con los presentes, el muñeco rebotó desde el suelo, saltó sobre la pequeña hija de la pareja, que estaba en brazos de su madre, y luego salió brincando por una puerta abierta.
Al día siguiente fue encontrado en el gallinero. El hecho se transformó en uno de los relatos más repetidos por quienes aseguraban haber presenciado los acontecimientos.
La voz que llamaba a Nicasio
Con el tiempo comenzaron a surgir otros testimonios aún más inquietantes. Diversas personas afirmaron escuchar una voz masculina que, cada noche, llamaba insistentemente a Nicasio para que acudiera al cerro Cutún.
En algunas sesiones espiritistas realizadas posteriormente en la vivienda, el supuesto ente habría asegurado ser el abuelo fallecido de Torres y afirmaba conocer el lugar donde existía un tesoro oculto. Sin embargo, según quienes participaron en esas reuniones, la voz insistía en que Nicasio debía acudir solo. Nunca aceptó la invitación.
El hombre que, según los testigos, flotaba
Los relatos también dieron cuenta de la aparición de una figura que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos del Caso Cutún.
Gabriel Orrego aseguró haber enfrentado en tres ocasiones a un hombre de aspecto extremadamente pálido, vestido con ropa oscura y que repetía siempre el mismo mensaje dirigido a la esposa de Nicasio: «Dígale que lo espero. Él sabe dónde».
En uno de esos encuentros, Orrego afirmó haber observado cómo el sujeto se desplazaba suspendido aproximadamente medio metro sobre el suelo. «Nunca he tenido tanto miedo en mi vida», recordaría años después.
Otros habitantes del sector aseguraron haber visto al mismo personaje, aunque nunca fue posible establecer su identidad.
Del rumor local a los titulares nacionales
Los acontecimientos rápidamente trascendieron la localidad de Cutún. Medios regionales, entre ellos Diario El Día, comenzaron a cubrir el caso y publicaron diversos reportajes sobre los supuestos fenómenos.
La vivienda recibió la visita de periodistas, curiosos, investigadores, ingenieros y espiritistas que intentaban encontrar una explicación.
Algunos atribuyeron lo ocurrido a movimientos de tierra, corrientes de aire, minerales presentes en la zona o fenómenos electromagnéticos. Otros defendieron una interpretación paranormal. Ninguna hipótesis logró comprobarse.
La intervención militar
Mientras decenas de personas se reunían en la vivienda para observar los fenómenos o participar en sesiones espiritistas, una de esas reuniones fue interrumpida por militares.
En pleno contexto de la dictadura, los asistentes fueron detenidos por infringir las restricciones vigentes sobre reuniones públicas. Ese episodio marcó el comienzo del fin del caso.
El abandono de la casa
Tras recuperar la libertad, la familia Torres decidió abandonar definitivamente Cutún. Se trasladaron a Copiapó, donde según personas cercanas nunca volvieron a experimentar episodios similares y optaron por mantener un completo anonimato.
La vivienda quedó abandonada y con el paso de los años terminó deteriorándose hasta convertirse, según quienes la visitaron posteriormente, en apenas una estructura perdida en medio del paisaje desértico.
Un misterio que permanece abierto
Décadas después, el Caso Cutún fue reconstruido por distintos investigadores y programas de televisión, entre ellos El Día Menos Pensado, que entrevistó a varios testigos. Sin embargo, Nicasio Torres y su familia rechazaron participar o regresar al lugar.
El Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos de España en Chile calificó el episodio como un caso que «hasta el momento no ha podido recibir una explicación dentro de la metodología establecida por el método científico».
Con el paso del tiempo surgieron hipótesis que van desde sugestión colectiva hasta fenómenos geológicos o electromagnéticos. Ninguna ha sido demostrada de manera concluyente.
Por esa razón, casi cincuenta años después, el Caso Cutún continúa ocupando un lugar singular en la historia del misterio chileno, un episodio con numerosos testigos, amplia cobertura periodística para la época y una pregunta que sigue sin respuesta definitiva sobre qué ocurrió realmente en aquella casa del Valle del Elqui.


