¿Tiembla más en Coquimbo que en otras regiones? Experto responde y derriba mitos

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¿Tiembla más en Coquimbo que en otras regiones? Experto responde y derriba mitos

En la Región de Coquimbo, los temblores forman parte de una realidad conocida. A veces apenas se perciben y otras veces basta un movimiento más intenso para que vuelva la misma conversación en casas, trabajos y redes sociales: que está temblando mucho, que quizás se está liberando energía o que podría venir algo mayor.

Pero esa sensación no siempre coincide con lo que muestran los datos. En conversación con #EsHoy, Sebastián Riquelme,  jefe de Operaciones del Centro Sismológico Nacional, explica por qué no necesariamente tiembla más en la Región de Coquimbo que en otras zonas del país, qué hay detrás de esta actividad sísmica y cuáles son los principales mitos que todavía persisten.

Riquelme pone matices a estas ideas y explican qué hay detrás de una actividad sísmica que forma parte de la realidad cotidiana de la región.

“No quiere decir que esté temblando más”

“Tal vez están teniendo sismos que son más perceptibles, pero eso no quiere decir que esté temblando más en un lugar en particular”, explica Sebastián Riquelme.

La comparación que utiliza es con el norte grande, donde prácticamente todos los días se registran sismos de magnitud 2 o 3 sin que las personas los perciban. La diferencia, entonces, no necesariamente está en cuántas veces se mueve el suelo, sino en cuántos de esos movimientos logra sentir la población.

Riquelme atribuye esta idea principalmente a la percepción. “Habría que hacer algún estudio más estadístico, más fino, y ver desde qué umbral me estás diciendo que está temblando más”, agrega.

El origen de estos movimientos, en todo caso, no tiene nada de excepcional. La Región de Coquimbo se encuentra en una zona de subducción, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana, proceso tectónico responsable de gran parte de la actividad sísmica que caracteriza a Chile.

Los sismos pequeños sí liberan energía, pero no la suficiente

Otra de las creencias que suele aparecer después de un temblor es que los movimientos pequeños estarían ayudando a “liberar” la energía acumulada y, con ello, disminuyendo la posibilidad de un terremoto mayor.

Riquelme pone paños fríos a esa idea. Si bien cada sismo libera energía, la cantidad involucrada en eventos pequeños es demasiado baja como para modificar de manera significativa el escenario.

“Se libera, pero no la cantidad necesaria para afirmar que se va a detener”, señala.

El especialista explica que la escala de magnitud hace una enorme diferencia. Un sismo de magnitud 4 es muy pequeño en comparación con uno de magnitud 6 y este, a su vez, se encuentra muy lejos de la energía liberada por uno de magnitud 8.

“No alcanza a liberar toda la energía que uno esperaría para que genere un gran terremoto”, sostiene.

¿Un sismo pequeño puede anticipar uno mayor?

La pregunta de fondo es probablemente la que genera mayor inquietud: ¿un temblor puede ser la antesala de un terremoto?

Hoy no existe una forma de saberlo de antemano. Riquelme explica que un movimiento pequeño puede ser identificado como “precursor” únicamente después de que ocurre un terremoto mayor en la misma zona.

Es decir, si posteriormente se registra un terremoto, algunos de los movimientos anteriores podrían ser clasificados como precursores. Si aquello no ocurre, simplemente quedarán registrados como parte de la actividad sísmica habitual.

“Lo único que te puedo decir es que está temblando y que hay que seguir monitoreando”, resume.

¿Pueden seguir siendo réplicas del terremoto de Illapel de 2015?

El terremoto de Illapel, ocurrido el 16 de septiembre de 2015, alcanzó una magnitud de 8,4. Su epicentro se ubicó en el mar, a unos 37 kilómetros al noroeste de Los Vilos y a 23 kilómetros de profundidad, según antecedentes del Centro Sismológico Nacional.

La ruptura asociada al evento se extendió aproximadamente por 200 kilómetros entre Punta Lengua de Vaca y Los Vilos.

El especialista explica que los sismos que se registran en la región no pueden considerarse automáticamente réplicas de aquel terremoto. Para establecer esa relación, tendrían que ubicarse dentro de la zona de ruptura generada por el evento de 2015.

“Si están un poco más arriba [las rupturas], uno no diría que son necesariamente réplicas”, precisa.

Lo que sí sabemos

Respecto de la preparación regional, Riquelme explica que existe una cadena de organismos encargados de evaluar rápidamente este tipo de eventos.

El Centro Sismológico Nacional entrega la información técnica sobre el terremoto, antecedente que permite al Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) evaluar una eventual amenaza de tsunami y a Senapred adoptar las medidas correspondientes.

Y aunque no existe una fórmula para anticipar cuál será el próximo movimiento sísmico, sí hay algo sobre lo que las personas pueden actuar: la preparación.

Conocer las vías de evacuación, identificar previamente las zonas seguras y saber cómo reaccionar ante un sismo fuerte sigue siendo fundamental. Especialmente en sectores costeros, donde un movimiento que dificulte mantenerse en pie constituye una señal para evacuar hacia una zona segura sin esperar una alerta oficial.

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