El milagro de la Flor de Té: los seis días bajo tierra que marcaron la historia minera de Andacollo

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El milagro de la Flor de Té: los seis días bajo tierra que marcaron la historia minera de Andacollo

Seis días bajo tierra, siete mineros atrapados y una comuna completa esperando que desde las profundidades llegara alguna señal que confirmara que seguían con vida.

La historia ocurrió en Andacollo, una comuna cuya identidad ha estado estrechamente ligada a la actividad minera y donde, en febrero de 1964, se produjo uno de los episodios más recordados de su historia.

Todo comenzó durante la tarde del 19 de febrero de 1964, cerca de las 14.45 horas, un fuerte estruendo alertó a quienes se encontraban en las cercanías de la mina Flor de Té, ubicada en el sector de Churrumata. Parte del cerro había cedido y siete trabajadores habían quedado atrapados a más de 30 metros de profundidad.

Eran Juan Rodríguez Cortés, Fernando Castillo, Víctor Castillo, Alfredo Román Polanco, Orlando Flores, Américo Méndez y Norberto Castillo. Llevaban menos de dos horas trabajando en la extracción de mineral cuando ocurrió el derrumbe.

La noticia rápidamente recorrió Andacollo.

Una carrera contra el tiempo

En la superficie comenzó una operación que reunió a familiares, mineros experimentados, personal de Enami y autoridades locales. El objetivo era abrirse paso entre toneladas de material y encontrar a los siete trabajadores.

Pero las horas avanzaban y no existía certeza sobre las condiciones en que se encontraban. Mientras las cuadrillas trabajaban, la espera también se trasladó a las familias y vecinos. En una comuna profundamente vinculada a sus tradiciones religiosas, muchos comenzaron a rezar a la Virgen del Rosario de Andacollo, conocida popularmente como “La Chinita”.

El rescate se transformó así en una carrera contra el tiempo que mezclaba el trabajo de quienes intentaban abrir camino desde la superficie con la esperanza de una comunidad que se negaba a asumir un desenlace fatal.

El 22 de febrero llegó finalmente la primera noticia que permitió recuperar la esperanza: Juan Rodríguez Cortés y Alfredo Román Polanco fueron encontrados y rescatados con vida.

Cinco hombres seguían bajo tierra

Fernando Castillo, Víctor Castillo, Orlando Flores, Américo Méndez y Norberto Castillo continuaban atrapados. La situación, sin embargo, había cambiado. Ya existía contacto con ellos y los equipos de rescate sabían que seguían vivos.

Mediante mangueras fue posible hacerles llegar agua y alimentos, además de establecer comunicación con la superficie. Cada señal proveniente desde las profundidades confirmaba que los trabajadores continuaban resistiendo mientras arriba se intentaba encontrar una ruta segura para alcanzarlos.

La espera se prolongó durante otros tres días. Para entonces, el accidente había dejado de ser solamente una emergencia minera. Andacollo entero estaba pendiente del destino de los cinco hombres que permanecían bajo tierra.

El desenlace llegó el 25 de febrero. Tras una última tronadura que permitió despejar el acceso hacia el refugio improvisado donde permanecían los trabajadores, los equipos finalmente consiguieron llegar hasta ellos.

Uno a uno, Fernando Castillo, Víctor Castillo, Orlando Flores, Américo Méndez y Norberto Castillo volvieron a la superficie.

Habían pasado seis días desde el derrumbe y los siete mineros estaban vivos.

La historia también habla del esfuerzo de quienes durante jornadas completas excavaron y buscaron alternativas para llegar hasta los trabajadores, de las familias que permanecieron esperando en la superficie y de cinco hombres que resistieron durante casi una semana en las profundidades.

Décadas más tarde, Chile volvería a seguir con atención otro rescate minero, esta vez a escala mundial: el de los 33 trabajadores de la mina San José, en Atacama, en 2010.

Pero 46 años antes, en una pequeña faena de la Región de Coquimbo, Andacollo ya había protagonizado su propia historia de supervivencia bajo tierra.

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