Cada vez más jóvenes se acercan al folclore en la Región de Coquimbo

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Cada vez más jóvenes se acercan al folclore en la Región de Coquimbo

En la Región de Coquimbo, el folclore dejó de ser un contenido reservado para actos escolares o celebraciones patrias. Hoy se vive como una práctica constante entre niños y jóvenes. Cueca chora, caporales y ballet folclórico dan forma a una escena activa durante todo el año, con talleres, ensayos y presentaciones que reflejan algo más profundo que una simple moda: una búsqueda de identidad, comunidad y pertenencia en las nuevas generaciones.

Cueca Brava

En Coquimbo, la cueca brava vive un momento especialmente dinámico. Así lo experimentan Loderana Fernández y Francisco Alfaro, actuales campeones regionales de cueca chora Coquimbo 2025.

La trayectoria de ambos es extensa. Loderana baila folclore desde hace más de 20 años y ha participado en distintas agrupaciones de danza. Francisco, en tanto, suma más de una década vinculado a la disciplina, no solo en el baile, sino también en la poesía y el canto.

“Hace aproximadamente un año nos conocimos con Francisco y congeniamos muy bien. Al poco tiempo comenzamos a trabajar juntos. Durante el año pasado realizamos talleres de cueca brava y percusión cuequera en Sindempart y Villa Potrerillos de Coquimbo. También trabajamos todos los fines de semana en Peñuelas, bailando en distintos locales del sector”, cuenta Loderana a #EsHoy.

Con esa experiencia, Francisco identifica un fenómeno mayor que ayuda a explicar el auge juvenil del folclore.

“Hace un par de años comenzó un nuevo movimiento que creo se debe a los grupos que han tratado de salir de lo tradicional, tanto en las competencias musicales como en sus propuestas artísticas”, sostiene.

Para contextualizar, recuerda un hito histórico en la relación entre folclore y escenarios masivos.

“Hace muchos años, la última vez que alguien llegó lejos en una competencia grande fue cuando el Nano Núñez participó con Aparcoa con la canción ‘Dicen que Viña del Mar’, obteniendo el segundo lugar en el Festival de Viña. Era un folclore muy arraigado a la tradición, pero que no representaba tanto a los jóvenes”.

Hoy, en cambio, existen propuestas que dialogan con nuevas audiencias. Francisco menciona a agrupaciones como Los Cuatro Vientos y Entremares, que han ampliado el lenguaje musical y escénico del género.

“Para que la música trascienda también tiene que evolucionar. Y evoluciona con el gusto musical de los jóvenes; no puede quedarse siempre en la misma tradición”.

En un contexto marcado por la hiperconectividad y la oferta global de música, el folclore compite desde el mismo espacio donde circulan todos los géneros: el celular.

“Antes uno tenía acceso a la radio o, con suerte, descargaba música de internet. Hoy abres las redes y tienes música de todos los países y de todos los géneros, incluso recomendaciones automáticas”.

En ese escenario, la cueca también se ha diversificado.

“No solo existe la cueca tradicional. Hoy hay cueca rock, cueca jazz, cueca instrumental, versiones más puristas y también reinterpretaciones de canciones que originalmente no eran cueca. Esa diversidad permite acercar a públicos distintos”.

En esa variedad, los jóvenes encuentran un espacio propio.

“Siento que eso es clave para llegar a los más jóvenes, que buscan identificarse con su propia cultura. Decir: ‘Me gusta la moda, me gusta la música, pero ¿qué es realmente mío?’. Ahí aparece la identidad”.

Caporales: ritmo andino que conquista a las nuevas generaciones

El fenómeno no se limita a la cueca. En La Serena, la agrupación Caporales Sangre Andina también ha observado un aumento sostenido en el interés juvenil por las danzas folclóricas, especialmente por el caporal y otros ritmos andinos.

El crecimiento ha sido tan significativo que incluso ha obligado a realizar ajustes en la organización interna del grupo.

“Lo vemos reflejado en los nuevos ingresos. El gran número de menores de edad nos ha llevado a modificar los horarios de ensayo para hacerlos más compatibles con las nuevas generaciones, además de generar cambios en la organización y en los procesos de aprendizaje”.

Una de las razones que explican este interés es la versatilidad musical del caporal.

“Gracias a las habilidades de los músicos chilenos hoy podemos escuchar muchos géneros adaptados al ritmo del caporal. Eso permite que distintas generaciones se encuentren en un mismo espacio”.

A esto se suma la diversidad de estilos que se practican tanto en el país como en la región, lo que permite a cada agrupación construir una propuesta escénica propia. El impacto visual también juega un papel importante: vestimentas vistosas, lentejuelas, luces y maquillajes que convierten cada presentación en un espectáculo.

Sin embargo, el vínculo no se queda en lo estético. Con el tiempo, la experiencia dentro de la agrupación se transforma en sentido de pertenencia.

“Hemos visto que no solo responde a una necesidad de expresión artística, sino también a un interés por conectar con la cultura. En algunos casos incluso con los propios ascendientes, lo que genera una cercanía con la historia familiar y con la cosmovisión andina”.

Las presentaciones públicas y pasacalles en la Región de Coquimbo también han sido claves para ampliar la convocatoria. Mostrar la danza en espacios abiertos permite que más jóvenes se acerquen, no solo por el espectáculo, sino por la posibilidad de integrarse a una comunidad que comparte valores, disciplina y una mirada cultural latinoamericana.

La mirada desde el ballet folclórico

En el caso del Ballet Folklórico Alas de mi Patria, el crecimiento juvenil también es evidente. Su director, Jesús Castillo, lo interpreta como un fenómeno más profundo que una simple tendencia.

“Atribuyo este interés creciente a una necesidad profunda de identidad y pertenencia. Hoy los jóvenes buscan algo que los conecte con sus raíces, con su historia y con un sentido real de comunidad. La danza folclórica no es solo movimiento: es memoria, cultura viva y tradición que se transmite de generación en generación”.

Castillo explica que muchas veces el primer acercamiento ocurre en el entorno escolar o familiar.

“En actos o celebraciones los jóvenes conocen nuestras tradiciones. Ese primer contacto despierta la curiosidad”.

Pero el compromiso real aparece cuando la decisión pasa a ser personal.

“Cuando descubren que el folclore les permite expresarse, hacer amigos, fortalecer su autoestima y sentirse parte de algo significativo, la motivación se vuelve propia”.

Esa permanencia implica disciplina y adaptación a nuevas formas de aprendizaje.

“Las generaciones anteriores quizá tenían un enfoque más estructurado. Hoy los jóvenes viven en un mundo más dinámico, inmediato y digital, y eso influye en sus procesos y tiempos de aprendizaje”.

Para el director, el desafío está en canalizar esa energía.

“Esta generación tiene una energía enorme, creatividad y ganas de proyectarse. Nuestro desafío como formadores es transformar esa fuerza en disciplina, constancia y amor por lo nuestro”.

Otro aspecto clave es romper la estacionalidad del folclore. Si bien históricamente el mayor interés se concentraba en fechas como Fiestas Patrias, hoy existen jóvenes que mantienen un vínculo activo durante todo el año, especialmente cuando forman parte de agrupaciones con proyección artística y formativa.

El desafío, plantea Castillo, es ofrecer procesos sostenidos y no limitar el trabajo a presentaciones puntuales o conmemoraciones específicas.

“Cuando los montajes tienen propuesta, investigación y una puesta en escena cuidada, los jóvenes se motivan mucho más. No se trata solo del tipo de baile, sino del sentido que se le entrega”.

Lo que ocurre en la Región de Coquimbo no parece ser un fenómeno aislado ni pasajero. Desde la cueca chora que se baila cada fin de semana en Peñuelas, pasando por los ensayos de caporales que suman cada vez más menores de edad, hasta los montajes formativos del ballet folclórico, el hilo conductor es claro: hay una generación que está eligiendo el folclore como espacio propio.

No se trata solo de rescatar tradiciones ni de cumplir con el calendario escolar. En un contexto donde la oferta cultural es inmediata y global, donde desde el celular se puede acceder a cualquier ritmo del mundo, estos jóvenes están optando por mirar hacia adentro, reinterpretar lo heredado y hacerlo dialogar con su tiempo.

La escena regional muestra que cuando hay propuesta, identidad y comunidad, el interés no depende de Fiestas Patrias ni de fechas conmemorativas. Se sostiene en talleres, ensayos, pasacalles y presentaciones que se repiten durante todo el año.

Más que una tendencia, el folclore en Coquimbo aparece hoy como un proceso vivo, en movimiento, que encuentra en las nuevas generaciones no solo continuidad, sino también renovación.

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