Desde 2016, la academia Rincón Flamenco, dirigida por la profesora Patricia Zamorano, ha construido en la Región de Coquimbo un espacio de formación riguroso, consciente y profundamente pedagógico, apostando por el proceso antes que por el espectáculo. Con una metodología estructurada, trabajo con música en vivo y una fuerte vocación educativa, la academia se ha posicionado como un referente del norte de Chile en la enseñanza del flamenco tradicional.
La escuela surge con el objetivo de llevar el flamenco de manera seria y actualizada a la región, alejándose de estereotipos ampliamente difundidos y poco representativos de esta disciplina. “La idea era difundir el flamenco tradicional, que la gente lo conozca realmente y quitar de a poco la imagen del ‘Gypsy King’, que se aleja bastante de lo que en verdad es el baile flamenco”, explica su fundadora.
Profesora de Artes Visuales de formación y bailarina de flamenco con más de una década de experiencia, Patricia encontró en esta disciplina una forma de unir sus dos pasiones: la enseñanza y la danza. Tras años ejerciendo en el sistema escolar y realizando clases de flamenco esporádicas en Santiago, decidió emprender su propio espacio formativo en la región, con metodologías propias y procesos de aprendizaje cuidadosamente diseñados. Nueve años después, los resultados respaldan esa decisión.
La escuela está dirigida a toda persona interesada en iniciarse en el flamenco o profundizar conocimientos previos, sin importar la edad ni la experiencia. “Las edades van desde los 15 años en adelante, sin tope. Para mí es importante que, mientras haya motivación y el cuerpo se los permita, lo hagan sin prejuicios hacia sí mismas”, enfatiza la profesora. Zamorano destaca además una particularidad de esta disciplina: “A diferencia de otras áreas de la danza, en el flamenco puedes comenzar siendo adulta. No necesitas partir en la infancia”.
El proceso como eje central del aprendizaje
Uno de los principales sellos de la academia es su enfoque en el proceso formativo. “Creo que muchas academias de danza regionales están muy enfocadas en el producto final. Para nuestra escuela es mucho más importante el proceso, y no es obligación participar en las muestras si no se sienten cómodas con eso”, señala.
Desde lo organizativo, la escuela cuenta con horarios estables, clases que rara vez se suspenden y espacios equipados. En lo pedagógico, existe un plan de trabajo anual por cada nivel. “El hecho de que haya una profesora titulada, con experiencia en aula, hace que todo fluya de una manera más armoniosa para las alumnas, aunque muchas veces no se den cuenta”, explica Zamorano. “Ese orden y estructura se agradecen mucho, porque permite avanzar con objetivos realistas y compatibilizar la vida personal con las clases”.
Las clases siguen una estructura clara: “Primero comenzamos con calentamiento, articulación y preparación del cuerpo. Luego pasamos al trabajo técnico —manos, brazos, giros o taconeos— y finalmente al montaje de baile”, detalla Patricia.
Durante la clase, el diálogo es constante: “Generalmente conversamos mientras bailamos. Se explica el porqué de muchos movimientos y la estructura del cante flamenco, que es una parte esencial del trabajo que hacemos”, afirma.
Desde el inicio, incluso con alumnas nuevas, se establecen principios claros: “El flamenco tradicional es con música en vivo. No trabajamos con pistas grabadas ni hacemos fantasías. Se trabaja mucho el oído y la atención, no solo del cuerpo, sino también de las variantes de la música y el cante”. Por eso, la escuela cuenta con guitarrista en vivo semana por medio.
Zamorano también reconoce que el flamenco es una disciplina exigente y, muchas veces, frustrante: “El proceso es casi como asistir a una terapia psicológica o a un coaching. Es una disciplina muy difícil y no es para todo tipo de personalidades”, explica.
El acompañamiento va más allá de la técnica: “Es un constante ‘tú puedes’. Escuchar los problemas personales de las alumnas y alentarlas a sacar lo mejor de sí en cada clase”.
Tradición flamenca desde el territorio
Aunque suele asociarse directamente a España, Zamorano aclara que “el flamenco no es tradición española como comúnmente se piensa. Es una mezcla de culturas y músicas que se asentaron en Andalucía y evolucionaron en el tiempo”.
Desde su visión, el flamenco es un lenguaje universal: “Lo que se maneja aquí es lo mismo que en España, México o Japón. El contenido no varía; lo que se adapta es la forma de enseñar, considerando la personalidad del chileno, sus ritmos de vida y su manera de aprender”.
Sobre el respeto a la tradición, es enfática: “Primero hay que aprender y enseñar desde la tradición, sin irse a las fusiones antes de conocer la historia y el contexto. No es llegar y ‘hacer que parezca flamenco’”.
Todo este trabajo sostenido dentro y fuera del aula comienza a proyectar un escenario alentador para el flamenco en la región. Desde esa vereda, Patricia observa el futuro con optimismo, convencida de que los procesos formativos a largo plazo están dando frutos: “Lo veo muy fructífero. Estoy haciendo un trabajo constante y consciente para que el flamenco se asiente en la IV Región. A nivel nacional somos un referente del norte de Chile, y eso indica que vamos por buen camino”, señala.
Este crecimiento no es un esfuerzo aislado, añade la profesora, destacando el rol de la Agrupación Artístico Cultural Flamenco Elqui (AFLEL) en la consolidación de una escena regional: “Han realizado un gran trabajo de difusión a través de proyectos, festivales e itinerancias, lo que ha permitido llevar el flamenco a otros lugares de la región”, fortaleciendo así una red que amplía el acceso y la proyección del flamenco más allá de los espacios formativos.
Quienes deseen integrarse a la escuela pueden escribir vía WhatsApp al +56 9 9643 3058 o al Instagram @rinconflamenco, donde durante esta semana se publicarán los cursos regulares 2026.


