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El Submarino, el espacio juvenil que marcó la televisión regional en los 90’s

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El Submarino, el espacio juvenil que marcó la televisión regional en los 90’s

El espacio se estructuró a partir de secciones que se volvieron permanentes, como “Cocinando con Hambre”, una parodia a los programas de cocina de la época, y “Los Vampiros”, segmento humorístico con personajes caracterizados, junto a contenidos de cine, música, panoramas, moda y cultura, además de figuras que quedaron en la memoria de la audiencia, como El Loco David, Tutti, Chalo y Chicoman.

Antes de las redes sociales, los reels y el consumo inmediato de contenido digital, la televisión abierta era uno de los principales espacios de encuentro para los jóvenes en Chile. En ese contexto, a fines de los años 90, surgió El Submarino, un programa juvenil creado y conducido por el productor de televisión Rodrigo Díaz desde la ciudad de La Serena, en la Región de Coquimbo.

La apuesta no era menor. En una época en que la producción televisiva se concentraba casi exclusivamente en Santiago, El Submarino logró abrirse paso desde regiones y emitirse en distintos canales de televisión local, como Cablevisión, Telenorte y Canal 9 UCV Televisión.

Transmitido entre fines de los 90 y los primeros años de la década del 2000, el programa se consolidó como un espacio fresco, cercano e irreverente. Con notas en la calle, juegos, invitados, humor y una estética marcada por la improvisación, conectó rápidamente con una audiencia juvenil que se veía reflejada en sus contenidos. Más que mostrar panoramas, música o tendencias, el programa retrataba una forma de vivir la juventud desde regiones, con identidad propia y sin complejos.

Un proyecto hecho desde la emoción

Hoy, a más de dos décadas de su emisión, su creador recuerda El Submarino con una mezcla de humor y emoción. “Lo recuerdo como un bebé… lechón, mamón y bastante ingrato”, comenta entre risas, aunque de inmediato aclara que el programa le regaló “uno de los momentos más bellos de mi vida”.

Díaz destaca especialmente el trabajo de un equipo creativo que, con recursos limitados, logró construir un producto televisivo distintivo. “Fue el claro ejemplo de cuando quieres hacer algo con el corazón”, resume. En un escenario marcado por la escasez de recursos técnicos y tecnológicos, la creatividad se convirtió en la principal herramienta, algo que —asegura— se reflejaba en pantalla.

Ese vínculo con la audiencia sigue vigente. “Cuando hoy me encuentro con gente que con mucho cariño me reconoce y me habla en la calle, siento emoción y gratitud, porque da cuenta de lo que hicimos y de lo que tratamos de proyectar”, afirma. Para Díaz, ese recuerdo colectivo confirma que el programa “quedó en algún lugar del corazón y del inconsciente de la gente”.

Televisión juvenil desde regiones

Hacer un programa juvenil desde regiones, sin redes sociales ni plataformas digitales que amplificaran los contenidos, fue —según su creador— una verdadera aventura. Las ideas surgían en largas jornadas de trabajo en un subterráneo que funcionaba como oficina, entre lluvias de ideas, improvisación y creatividad constante.

Consultado sobre qué es lo que más extraña de El Submarino, la respuesta es inmediata: el equipo, las reuniones, la calle y la improvisación. “Se extraña todo, porque fue un proyecto hecho con amor, muy planificado y muy querido”, sostiene.

Las anécdotas también forman parte de su legado: desde lanzarse en bungee a 50 metros de altura, hasta esperar durante horas para entrevistar a Gustavo Cerati y quedarse sin batería. “Hicimos la nota con la cámara apagada y con él al frente”, recuerda, entre risas.

¿Un regreso posible?

La posibilidad de un regreso no está descartada. “Me encantaría, todo puede ser”, dice Díaz. Tal vez con más años y nuevas experiencias, pero con la misma esencia que marcó al programa: creatividad, humor y una energía colectiva que los impulsaba a experimentar.

Con el paso del tiempo, El Submarino se consolidó también como un espacio de formación para periodistas y comunicadores que hoy continúan vigentes en la escena regional e incluso nacional. Por el programa pasaron profesionales que luego desarrollaron trayectorias en distintos medios, como Rodrigo «Pelao'» González, actual locutor de Radio Carolina, lo que confirma que El Submarino no fue solo un programa de televisión, sino una escuela creativa y una forma de entender la comunicación juvenil desde regiones, cuyo recuerdo aún permanece en la memoria colectiva y que, como todo buen submarino, no se descarta que algún día vuelva a emerger.

Por: Valentina Araya

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