Entre viajes, ópera y nuevas búsquedas musicales, Zambrano encarna a una generación de artistas formados en regiones que proyectan su carrera en el extranjero sin desligarse de su identidad.
Entre viajes, conciertos y nuevas búsquedas artísticas, Álvaro Zambrano representa a una generación de músicos formados en regiones que han debido proyectarse fuera del país sin perder su identidad.
Desde La Serena hasta los escenarios europeos, la trayectoria de Álvaro se ha construido a pulso y con constancia. Cantante chileno de música clásica, formado en la Escuela Experimental de Música Jorge Peña Hen y radicado en Alemania desde hace más de 17 años, desarrolla hoy una carrera que combina la ópera, proyectos musicales propios y una fuerte conexión con su origen.
En conversación con #EsHoy, el cantante repasa su trayectoria, sus raíces en La Serena y el camino que lo llevó a desarrollar su carrera en Alemania.
La Serena: donde todo comenzó
Sus primeros años de formación los vivió en la Escuela Experimental de Música Jorge Peña Hen, un espacio que no solo le entregó herramientas musicales, sino que marcó profundamente su manera de entender la música. En ese contexto, Zambrano destaca con admiración la figura de Jorge Peña Hen, fundador de la escuela: “Fue un visionario tremendo en Latinoamérica, pero también en Chile y en nuestra ciudad, en nuestra región, por crear la primera orquesta juvenil”.
En esa etapa, el cantante valora especialmente el proceso formativo vivido en la escuela, tanto en lo musical como en lo humano. “Aprendí toda la base musical en la Escuela de Música, pero también hubo un intercambio muy lindo entre la escuela y los alumnos de la Universidad de La Serena. Recuerdo, por ejemplo, el coro de cámara de la Universidad de La Serena, del que fui parte en mis inicios”.
Asimismo, Álvaro recuerda con especial cariño sus primeros conciertos junto al coro en la Catedral de La Serena, “donde canté por primera vez un solo dentro del coro, en distintas actividades navideñas, conciertos y algunas giras. Siempre estuve muy involucrado desde el punto de vista de la música clásica y guardo recuerdos muy lindos tanto de mi infancia como de mi juventud”.
En ese proceso formativo, una figura clave fue su profesora de piano, Alejandrina Reyna, a quien reconoce como una influencia decisiva en sus primeros pasos. Más allá de lo musical, fue una guía importante en un momento en que comenzaba a imaginar un futuro ligado al arte.
Si bien con otros docentes de esa etapa el contacto se fue perdiendo con el tiempo, Zambrano señala que le gustaría retomar esos vínculos, especialmente ahora que se aproxima un hito significativo en su historia personal. “En julio de 2026 cantaré por primera vez en un concierto organizado por la Universidad de La Serena, donde interpretaré una obra escrita por un profesor de la misma casa de estudios”, adelanta.
Los primeros pasos en Alemania
Álvaro llegó a estudiar al sur de Alemania, específicamente a Freiburg el 2009, en un proceso que venía preparándose desde Chile. Antes de viajar, se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, ahí tuvo como maestra a Ahlke Scheffelt, una alemana que también fue figura clave en su desarrollo artístico y personal. «Ella me formó vocalmente desde los 18 años, y la que me preparó para venirme no solo en lo técnico, sino también en la forma de enfrentar el trabajo musical, con una mentalidad muy alemana, digamos», expresa Zambrano.
En el ámbito académico, la adaptación no fue tan compleja, comentó. El estudio, la disciplina y el rigor ya formaban parte de su rutina. El verdadero choque cultural llegó más tarde, cuando inició su etapa laboral y enfrentó su primer trabajo como cantante solista en la Deutsche Oper de Berlín. «Fue ahí donde tomé real conciencia de las diferencias culturales, profesionales y artísticas, y de lo que implicaba insertarse en uno de los escenarios más importantes de Europa».
Hoy, tras 17 años viviendo en Alemania, Zambrano reconoce que el choque cultural sigue presente. No es algo que desaparezca del todo, pero sí se transforma con el tiempo. Aun así, la experiencia no lo ha alejado de su identidad: al contrario, con los años siente que “me he vuelto más chileno (…) más consciente de mis raíces y de la forma particular en que me relaciono con la música y con las personas».
Influencias musicales y la necesidad de volver a lo propio
Cuando llegó a Europa, su objetivo era estudiar canto lírico y profundizar su formación en la música clásica. En ese momento, nunca imaginó que podría vivir de cantar, y menos aún que su carrera profesional estaría ligada totalmente a la ópera. La idea de dedicarse completamente a los escenarios llegó mucho después, casi como una consecuencia del trabajo y la experiencia acumulada.
Con el paso de los años, y tras su primer trabajo como solista, comenzó a sentir que algo faltaba. A la alta exigencia del medio europeo se sumó una necesidad personal de reconectar con su tierra y con sonidos ligados a su origen.
De esa búsqueda nació Los Pitutos, proyecto creado en 2015. Se trata de una banda de música latinoamericana que cruza distintos estilos y referencias —desde el pop hasta el jazz— desde una mirada libre y cercana. “Por algo cultural me hacía falta estar más cerca de mis tierras. Ahí empecé a conectar con otro tipo de música, distinta a la que había estudiado”, explica.
La banda está integrada por músicos chilenos y colombianos, todos con formación en música clásica, lo que le entrega a la propuesta un sello particular, donde la técnica convive con la espontaneidad y el cruce de estilos.
Diferencias musicales entre Chile y Alemania
Para Álvaro, una de las diferencias más evidentes entre Chile y Alemania tiene que ver con la descentralización de la música. En el caso alemán, si bien existen polos importantes como Berlín o Múnich, la actividad musical no se concentra únicamente en las grandes capitales. Hay ciudades pequeñas que cuentan con teatros, orquestas y salas de concierto, lo que permite que la música forme parte de la vida cotidiana en distintos territorios.
Al comparar con la realidad chilena, Zambrano señala que existen diferencias estructurales importantes. Si bien reconoce avances, sostiene que aún se podría invertir mucho más en el desarrollo musical, especialmente en infraestructura, en el fortalecimiento de instituciones orquestales y corales, y en la existencia de salas de concierto adecuadas y sostenidas en el tiempo. “En Chile todavía tenemos, lamentablemente, esta idea de que ‘Santiago es Chile‘ desde el punto de vista artístico, cultural y musical. Creo que hay que darle valor a lo que tenemos en las regiones, porque la mayoría de los músicos que se van a Santiago lo hacen por falta de oportunidades; sin embargo, la mayoría de los músicos se forma en regiones”, afirma.
En esa misma línea, agrega: “Se podría invertir mucho más. Hay una diferencia gigante, incomparable entre Alemania y Chile, pero creo que Chile tiene un enorme potencial, cuenta con muy buenos músicos y, sobre todo, con un gran talento en las regiones, que es lo que debería tomarse más en cuenta”.
Próximos proyectos y nuevos cruces musicales
Mirando hacia el futuro, Zambrano expresa su intención de fortalecer el vínculo con su región, no solo desde los escenarios, sino también desde la enseñanza. Uno de sus objetivos es ayudar y orientar a jóvenes que quieren aprender música y que, muchas veces, no cuentan con referentes cercanos o con información sobre cómo desarrollar una carrera artística: “Enseñar y compartir mis experiencias con la gente de mi región sería increíble. Mi idea no es volver 100 % a Chile porque aún siento que me falta aprender acá, pero de vez en cuando hacer clases magistrales, charlas, conciertos y sobretodo crear un puente entre la región de Coquimbo y Europa. Eso me motiva un montón”.
Actualmente la agenda de Álvaro está marcada por la exploración de nuevos formatos musicales. Además de continuar con Los Pitutos, proyecto que hoy trabaja en colaboración con diversas orquestas, el cantante se encuentra iniciando una nueva propuesta junto a un pianista de jazz y un contrabajista. Se trata de un formato más íntimo, con una base más clásica. Además, tiene otro proyecto ligado a la poesía, ampliando aún más su campo de exploración artística.
En paralelo, Zambrano mantiene giras y presentaciones tanto con la banda Los Pitutos como en proyectos en solitario, combinando distintos lenguajes y escenarios. Esa diversidad refleja una etapa de madurez artística, donde conviven la ópera, la música latinoamericana y las fusiones contemporáneas.
El 31 de diciembre cantará en el Teatro de Detmold, en una función de opereta, cerrando el año sobre el escenario. Pocos días después, el 3 de enero, viajará a Manchester para participar en la grabación de un disco de canciones eslovacas, producción que será registrada junto a la BBC Philharmonic.
Serenense en movimiento
Hoy, aunque Alemania sigue siendo su base, Zambrano pasa cada vez menos tiempo instalado en un solo lugar. Vive allí, pero su rutina está marcada por los viajes, los escenarios y los proyectos en distintos países.
Ahora define su identidad musical como una mezcla de contrastes: la formación clásica europea convive con su raíz serenense, la ópera dialoga con la música latinoamericana y el rigor alemán se cruza con una forma más emocional y cercana de entender la música. Esa combinación, lejos de ser una contradicción, se ha vuelto parte central de quién es hoy como artista: “Yo defino mi identidad como una de muchos contrastes, de alguna forma Chile y la región de Coquimbo o La Serena, me dieron ese contraste que en otros artistas no se ve tan a la luz. Digamos que vivo en un mundo entre la música clásica y la música popular bastante fuerte, que es una cosa bastante extraña”.
Entrevista realizada por: Valentina Araya


