La postal es recordada con cierta incredulidad: Juan Gabriel, en su mejor momento artístico, cantando ante un estadio semivacío en La Serena. Era el 25 de febrero de 1997 y el calor del día ya había cedido cuando el público comenzó a llegar a La Portada con casetes, discos y cámaras análogas.
El artista había aceptado sumarse a los programas municipales de verano, aprovechando su paso por el Festival de Viña. Pero lo que muchos imaginaron como un concierto masivo terminó tomando la forma de un encuentro íntimo, casi reservado. El escenario —montado fuera de la cancha y orientado a una zona acotada de tribunas— daba la sensación de estar ante un experimento de proximidad más que frente a un show multitudinario.
Desde varios puntos del estadio se veían espacios vacíos. Pero quienes estuvieron cerca del escenario vivieron una de las presentaciones más “a ras de público” de Juan Gabriel en Chile. El mexicano parecía moverse a metros de la gente, guiando a los músicos, improvisando pasos y agradeciendo entre risas.
En los pasillos, recuerdan funcionarios municipales, se mostró amable, curioso y dispuesto a fotos. Para varios trabajadores del recinto, fue la primera y única vez que conversaron por segundos con un ícono continental.
El concierto quedó guardado en la memoria local como un pequeño tesoro. No fue masivo ni televisado; no hubo récords de asistencia ni pantallas gigantes. Pero con el tiempo —sobre todo tras su muerte— esa escala modesta le dio un carácter casi legendario. Una noche en que La Serena, sin proponérselo del todo, tuvo un recital íntimo de uno de los artistas más grandes de América Latina.


