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En el Hospital de Coquimbo, 1.500 pacientes con VIH progresan gracias a la atención integral, aunque todavía enfrentan la carga del estigma

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En el Hospital de Coquimbo, 1.500 pacientes con VIH progresan gracias a la atención integral, aunque todavía enfrentan la carga del estigma

A las 08.30 de la mañana, el movimiento en los pasillos del Centro de Atención Integral para el VIH/SIDA del Hospital de Coquimbo comienza a tomar forma. Llegan pacientes que buscan mucho más que medicamentos o controles periódicos: vienen por escucha, contención y acompañamiento. Con más de 1.500 personas en seguimiento activo, el recinto se ha transformado en un espacio donde la atención médica convive con el apoyo emocional y el trabajo educativo con familias y redes cercanas.

Hoy, vivir con VIH dista del escenario de hace dos o tres décadas. Los avances clínicos han convertido el virus en una condición crónica que, con tratamiento adecuado, permite desarrollar una vida plena. Sin embargo, el principal desafío ya no es solo farmacológico. El estigma social —persistente, silencioso, todavía doloroso— continúa siendo una barrera para el diagnóstico temprano y la continuidad del tratamiento.

Historias de decisión y supervivencia

Luis conoce de cerca esa realidad. Lleva más de 25 años viviendo con el virus y ha debido enfrentar juicios ajenos, rechazos y miradas incómodas. Con el tiempo, decidió tomar distancia de quienes lo estigmatizaban y enfocarse en su bienestar. “Uno decide si es víctima o aprende a cuidarse”, dice. La muerte de su pareja, quien no quiso tratarse, marcó un punto de inflexión. Luis optó por cambiar de ciudad, seguir su terapia, ajustar su alimentación y realizar ejercicio con disciplina. “Yo decidí vivir”, afirma.

Una experiencia distinta, pero igual de desafiante, vivió Anita. Su diagnóstico llegó durante el embarazo, lo que la obligó a actuar sin margen de duda. Inició tratamiento a las 20 semanas y hoy solo necesita una dosis diaria. Mientras ella avanzaba, su pareja eligió no tratarse. Falleció poco después. Anita sigue adelante con fuerza, consciente de que su hijo —nacido sin el virus— fue una razón para sostenerse. “El único problema del VIH es el estigma. Nada más que eso”, comenta. Su entorno cambió: algunos se alejaron, otros se acercaron. Para ella, el diagnóstico terminó siendo un filtro.

El peso de los prejuicios

La estigmatización sigue presente en espacios laborales, familiares e incluso asistenciales. “Hay ciertas condiciones de salud que generan una especie de ‘morbosidad’ entre las personas, y lamentablemente el VIH es una de ellas”, señala María José Vergara, enfermera encargada del policlínico. Explica que aún circulan comentarios de pasillo o filtraciones de diagnósticos, situaciones impensadas frente a enfermedades como diabetes o hipertensión.

Por eso, el trabajo con el entorno se ha vuelto clave. El hospital no solo atiende a quienes viven con VIH: también educa a quienes los acompañan. Familias, parejas, amigos pueden recibir orientación si el paciente lo autoriza. El objetivo es apuntar hacia una convivencia libre de prejuicios, más informada y empática.

Adherencia y acompañamiento

El modelo de atención busca adaptarse a las necesidades reales de los usuarios. Horarios compatibles con jornada laboral o académica, flexibilidad en retiros de fármacos y alternativas ante dificultades logísticas son estrategias diseñadas para que nadie interrumpa su terapia. La fórmula ha funcionado: solo un 7% de pacientes ha desertado del tratamiento, una cifra baja en comparación con otras patologías crónicas.

La atención es multidisciplinaria e incluye infectólogos, enfermería, matronería, farmacia, psicología, trabajo social, nutrición, TENS y apoyo administrativo. El enfoque es integral. No se trata solo de entregar fármacos, sino de acompañar procesos: diagnósticos recientes, miedos, duelos, el anuncio en la familia, las dudas sobre el futuro.

El rol del testeo

Detectar a tiempo continúa siendo la mejor herramienta. El Hospital de Coquimbo ha facilitado el acceso mediante agendamiento online para quienes deseen realizarse el examen. Mientras más temprana la pesquisa, más efectiva la terapia y menor la posibilidad de transmisión.

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