Durante la última transmisión de la Teletón, hubo un momento que logró silenciar a miles frente al televisor. No fue una meta alcanzada ni un espectáculo musical: fue cine. Cine hecho desde las costas de La Serena y Coquimbo, con nombres y rostros reales, con mar y marea, con dificultades y esperanza. Fue la presentación de Corriendo las Olas, la película chilena que ha comenzado a instalarse como uno de los relatos audiovisuales más inspiradores del año.
La cinta, dirigida por Elías Llanos, toma como punto de partida un hecho cotidiano pero trascendental: jóvenes con discapacidad entrando al mar con tablas, instructores y sillas anfibias, dispuestos a surfear. Desde allí nace una historia que ya ha conmovido al país, una que mezcla ficción y realidad, y que pone en primer plano la valentía de un grupo de chicos que —desde el borde costero de la Región de Coquimbo— se propusieron vencer sus propios límites.
El origen del relato
“Esto es una película de ficción, pero basada en una historia maravillosa de la vida real”, dijo el director durante la transmisión. Todo comenzó, recuerda, cuando vio por primera vez cómo una silla anfibia avanzaba sobre la arena para llevar a un joven al agua. Ese gesto lo marcó. “Me dijeron que era para que ellos pudieran sentir el mar, para surfear. Ahí supe que había algo que contar”, agregó.
El trabajo fue guiado por la experiencia de Cristián Encalada, surfista e instructor de deporte adaptado, figura clave en el desarrollo de la práctica inclusiva en la zona y quien inspiró el personaje interpretado en pantalla por Renato Munster. A él se suma un elenco donde también participan Katty Kowaleczko, Jaime Azócar y la recordada Teresita Reyes, en una de sus últimas apariciones cinematográficas.
Pero quizás lo que más potencia el relato es la presencia de Agustina y Miguel, paciente y ex paciente de Teletón, que no actúan: se interpretan a sí mismos. Su paso frente a cámara se convirtió en uno de los momentos más comentados de la transmisión. No hubo guión que pudiera reemplazar esa autenticidad: fueron ellos, y su propia experiencia con el mar, quienes sostuvieron la emoción en pantalla.
El resultado es una película que acompaña a sus protagonistas en cada avance y en cada caída, que expone temores, derrotas y victorias pequeñas que —para quienes han debido enfrentar barreras físicas y sociales— significan mucho más que un logro deportivo. Corriendo las Olas es, desde ahí, más que una obra cinematográfica: es un testimonio sobre la inclusión entendida no como discurso, sino como experiencia tangible.
La historia ocurre en las playas donde rompen las olas del norte chico. Allí donde el mar es escuela, desafío y libertad. Desde ese paisaje, la cinta invita a mirar la discapacidad desde la igualdad, a reconocer capacidades, no carencias; a preguntarse quiénes son realmente los limitados cuando el temor y el prejuicio pesan más que la marea.
Quizás por eso la película resonó con tanta fuerza durante la Teletón: porque su origen es local, cercano, y porque fue construida con los mismos protagonistas que hoy inspiran a miles. Lo que empezó como una sorpresa nocturna en televisión abierta comienza a perfilarse como algo más amplio: un recordatorio de que la inclusión no solo se habla, también se vive.


