¡La Pampilla de Coquimbo ya huele a 18! Familias comienzan a preparar sus terrenos

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¡La Pampilla de Coquimbo ya huele a 18! Familias comienzan a preparar sus terrenos

A varios días de que comiencen oficialmente los festejos, históricos pampilleros ya llegaron a asegurar su espacio en el tradicional recinto coquimbano. Hay familias que llevan décadas acampando, una pareja que encontró el amor entre las carpas y hasta un cumpleañero que asegura que conoció la Pampilla con apenas tres días de vida.

Todavía faltan algunos días para que la música suene a todo chancho, aparezcan las parrillas y miles de personas conviertan el recinto en una verdadera “mini ciudad”. Pero en Coquimbo hay una tradición que no espera calendario: los campistas ya comenzaron a darle vida a la Pampilla.

Familias completas han llegado durante estos días para demarcar sus terrenos y preparar el espacio donde pasarán buena parte de las Fiestas Patrias. Para muchos no se trata simplemente de instalar una carpa: es una tradición que ha pasado de generación en generación y que este año tendrá un significado especial, luego del duro temporal que golpeó a la Región de Coquimbo y dejó a miles de familias damnificadas, especialmente en la comuna puerto.

La emergencia incluso puso en duda la realización de la tradicional fiesta. Finalmente, y tras la demanda de vecinos y turistas por mantener uno de los festejos más arraigados de la zona, la Pampilla volverá a recibir público, aunque esta vez con un carácter marcado por la solidaridad y una reducción considerable de su inversión.

Pampillero desde la cuna

Si alguien puede decir que lleva la Pampilla en la sangre es Guillermo Cortés. Nació un 13 de septiembre y asegura que apenas tres días después ya estaba instalado con su familia en el recinto.

“Cuando tenía tres días de nacido, estaba allá al lado de la ramada La Querencia”, recuerda. En aquellos años, cuenta, la llegada era toda una aventura familiar: “Nos veníamos en un camión y todos arriba del camión: familia, niños chicos”.

Este 13 de septiembre Guillermo cumplirá 57 años y calcula que suma cerca de cuatro décadas llegando a acampar. Tanto ha recorrido el lugar que asegura conocer “casi toda La Pampilla”.

Y cuando se trata de explicar qué espera para estos festejos, no se complica demasiado.

“Aquí venimos a disfrutar en familia, no a pelear, no a discutir. Venimos a pasarla bien, son cinco días de Pampilla. ¡Bacán!”, lanzó antes de cerrar con un entusiasta “¡Viva Chile, mierda!”, que inmediatamente le significó el reto de su hermana Angélica.

Un amor que nació en la Pampilla

Pero entre ramadas, carpas y celebraciones también ha habido espacio para el romanticismo.

Leonel Carrasco conoció a su esposa precisamente en la Pampilla en el año 2000. Desde entonces han pasado 26 años y la pareja continúa regresando al mismo lugar donde comenzó su historia.

“Nos conocimos aquí en La Pampilla. Ya prácticamente vamos 26 años juntos”, relata Leonel, quien por estos días vuelve al recinto para “emparejar el terreno” y cuidar el espacio que ocupará su familia durante las celebraciones.

Para ellos, volver cada septiembre es mucho más que preparar un lugar donde acampar: es regresar al punto donde todo comenzó.

La promesa a la matriarca

La historia de Carlos Ormeño y su hija María también está marcada por más de 20 años de Pampilla, aunque ahora la tradición tiene un componente mucho más emotivo.

Hace dos años falleció la matriarca de la familia y, tras su partida, pensaron en dejar de asistir. Sin embargo, antes de morir les había pedido algo: que continuaran haciendo aquello que durante tantos años habían disfrutado juntos.

“Antes veníamos cuando estaba mi mami. Hoy mi mami está en el cielo, pero igual se le extraña. Seguimos la tradición de ella, por años”, cuenta María.

Carlos recuerda esa petición mientras apunta hacia una fotografía de su esposa ubicada en un pequeño altar que la familia improvisó en el lugar.

“Ella nos pidió que siguiéramos haciendo todo lo que ella hacía. Así que muy feliz yo estoy haciéndolo. Con pena, sí, pero después me acuerdo de que ella me pidió esto”, relata.

Así, entre recuerdos y preparativos, la familia volverá a celebrar en el mismo lugar donde acumuló tantos momentos junto a ella.

Una Pampilla con espíritu solidario

La versión de este año estará inevitablemente atravesada por las consecuencias del fuerte temporal que golpeó a la zona. Durante las semanas posteriores a la emergencia, el municipio impulsó diferentes acciones para apoyar a las familias afectadas.

Una de ellas fue “Coquimbo Más Unido”, jornada que reunió gratuitamente a artistas nacionales y locales y logró recaudar más de $60 millones. A ello se sumaron donaciones gestionadas con empresas y fundaciones para ir en ayuda directa de los damnificados.

Siguiendo esa línea, “La Pampilla de la Gente” tendrá este año un enfoque solidario y una inversión considerablemente menor.

Por eso, cuando en algún momento se habló de que la tradicional celebración podía no realizarse, hubo pampilleros que sintieron el golpe.

“Sin La Pampilla no somos nada. Si La Pampilla es la que la lleva acá”, comenta Enrique Pizarro, conocido como “Américo”.

La incertidumbre, reconoce, tuvo a varios con el corazón en la mano. “Estaban que la hacían, que no la hacían… Así que estaba igual que el tiempo”, bromea.

Ahora el escenario es distinto. “La gente está contenta, vimos hartos, venimos con toda la familia”, agrega.

Primero las obras, después la fiesta

Aunque los primeros campistas ya comenzaron a marcar presencia, el recinto permanecerá temporalmente cerrado mientras continúan los trabajos necesarios para dejar todo listo para la celebración.

Las faenas consideran la instalación de megaestructuras, trabajos con maquinaria pesada, habilitación y cierre de los escenarios Monumental y Pérgola, montaje del sistema eléctrico e instalación de juegos mecánicos, entre otras labores.

Una vez habilitado el ingreso, los campistas deberán registrarse en el acceso al recinto. Los comerciantes, en tanto, podrán comenzar sus instalaciones en las fechas informadas por el municipio y presentando la documentación correspondiente.

Por ahora, las carpas todavía son pocas y las parrillas esperan su turno. Pero los históricos ya están ahí, cuidando su pedacito de terreno y desempolvando recuerdos.

Porque si algo dejan claro sus historias es que para muchos coquimbanos la Pampilla no comienza cuando se prende el escenario ni cuando aparece el primer conjunto de cueca: comienza cuando las familias vuelven a instalarse en el mismo lugar de siempre.

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