El pádel dejó atrás el vértigo que lo convirtió en el deporte de moda en pandemia. En la Región de Coquimbo, las listas de espera desaparecieron y hoy el escenario cambió: hay más canchas disponibles y los clubes compiten por atraer jugadores entre La Serena y Coquimbo.
El fenómeno no es aislado. En un reportaje de La Tercera se consignó que el deporte pasó de registrar esperas de hasta tres semanas para reservar una cancha a contar con disponibilidad casi inmediata en diversos recintos. El aumento sostenido de la oferta, sumado a la moderación del entusiasmo inicial, configuró un nuevo equilibrio que también se replica en la conurbación La Serena–Coquimbo.
De nicho a fenómeno
En la región, el crecimiento venía gestándose incluso antes del COVID-19. Rodrigo Muñoz, uno de los dueños del club Black Pádel, sitúa el punto de inflexión en 2018. “Aparece un nuevo club y los existentes se expanden. Ahí parte todo. Después de la pandemia, el crecimiento fue explosivo”.
A su juicio, el contexto también influyó. “Es una conurbación de más de 500 mil habitantes y con pocos recintos deportivos. El pádel encontró el espacio perfecto”, explica a #EsHoy.
Desde la experiencia de los jugadores, el peak fue evidente en 2022. Lilian Muñoz Flores, jugadora y representante de Pádel Milagro, recuerda que ese año la práctica se masificó. “Fue justamente en ese período cuando comencé a notar con más fuerza que estaba muy de moda. Se veía mucha gente jugando y abrieron varias canchas en la zona. En ciudades como La Serena y Coquimbo el crecimiento fue bastante evidente desde ese año en adelante”.
Si bien reconoce que existió un componente de tendencia, Lilian sostiene que el atractivo fue más profundo. “El ambiente que se genera es muy entretenido, dinámico y social”. Esa dimensión comunitaria fue clave para su permanencia, ya que según explica, el deporte “ofrece algo más: comunidad, entretención y bienestar”.
Su propia experiencia lo refleja, pues tras conocer el pádel comenzó a jugar con mayor frecuencia en 2024: “Antes no hacía ningún deporte, pero me gustó mucho el ambiente y eso fue lo que me motivó a seguir. Hubo un período en que paré, pero ahora volví y sigo jugando”, cuenta, valorando que “se juega con diferentes personas, entonces nunca se vuelve aburrido”.
Rodrigo Muñoz complementa esa mirada señalando que el pádel logró ocupar un espacio entre los deportes tradicionales debido a que “es un deporte entretenido que no requiere una gran técnica, como el tenis, para practicarlo”.
Más clubes, demanda fragmentada
El escenario actual, sin embargo, es distinto al de hace dos o tres años. La rápida expansión derivó en una alta concentración de clubes en la conurbación, lo que impactó en la ocupación por recinto.
Karen Elal, jugadora y entrenadora en el club Black Pádel, describe el momento como una etapa de estabilización tras el boom: “Después de la pandemia el pádel tuvo un crecimiento sostenido y se vivió un boom con nuevos jugadores. Posterior a eso, con la llegada de más clubes a la región, se vivió una meseta, más que una disminución, creo que hubo una estabilidad”, señala.
En su análisis, la fragmentación del mercado explica parte del fenómeno. “En La Serena y Coquimbo existen más de 30 clubes, lo que naturalmente distribuye la demanda”, indica. Aun así, sostiene que la fidelidad de los jugadores depende de factores como instalaciones, ambiente y servicios.
Desde Pádel Milagro también observan una menor presión en las reservas. “Ya no se ve exactamente la misma demanda que hace uno o dos años. Gracias a Dios, en nuestro club nos sigue yendo bien, pero claramente bajaron un poco las reservas”, comenta Lilian Muñoz, explicando que la construcción de nuevas canchas generó “mayor oferta y, por lo tanto, una distribución de jugadores entre más clubes”.
Con un mercado más competitivo y menos eufórico que en la pandemia, la prioridad ya no es crecer aceleradamente, sino sostener a la comunidad que permanece activa.
Rodrigo plantea que la estrategia hoy es “fidelizar a nuestros clientes frecuentes, innovando en actividades y reinvirtiendo lo que se pueda en mantener el club en óptimas condiciones”.
A esto, Elal agrega que el desafío es justamente proyectar el deporte a largo plazo, potenciando escuelas, fortaleciendo equipos de trabajo y apostando por la calidad del servicio.
El pádel en la Región de Coquimbo ya no es una fiebre desatada como en 2021 o 2022. Hoy vive una etapa más tranquila: menos listas de espera, más canchas disponibles y un público que sigue jugando, pero sin la urgencia de antes. Por eso la pregunta ya no es si desaparecerá esté deporte, sino cómo logrará sostenerse en un mercado donde la oferta creció más rápido que la demanda.


