Hongos alucinógenos para tratar la depresión: qué dice la ciencia y la ley en Chile

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Hongos alucinógenos para tratar la depresión: qué dice la ciencia y la ley en Chile

Desde tiempos ancestrales hasta los laboratorios modernos, los hongos que contienen psilocibina han pasado de ser una práctica chamánica milenaria a un objeto de estudio científico con potencial terapéutico. En Chile, este debate ha ido ganando espacio entre profesionales de la salud mental, investigadores y pacientes que buscan nuevas respuestas frente a una enfermedad que afecta a más de 2 millones de personas en el país. 

¿Qué son los hongos alucinógenos?

Los hongos alucinógenos son un grupo de especies fúngicas que contienen compuestos psicoactivos, principalmente psilocibina. Esta sustancia forma parte de los llamados psicodélicos o alucinógenos, capaces de alterar la percepción, el estado de ánimo y la conciencia.

Desde hace más de 7.000 años que diversas culturas indígenas utilizaron hongos psicoactivos en rituales espirituales y de curación. Hoy, sin embargo, este compuesto presente en alrededor de 200 especies de hongos y que estuvo prohibido durante décadas en gran parte del mundo, incluido Chile, está en la mira de la ciencia y la medicina por su potencial uso terapéutico, especialmente en el tratamiento de la depresión.

De sustancia ancestral a estudio clínico

La investigación moderna ha observado que, en contextos controlados y con acompañamiento psicológico, la psilocibina puede reducir síntomas depresivos de manera significativa.

Uno de los estudios más conocidos fue desarrollado por investigadores del Imperial College London, quienes evaluaron a pacientes con depresión severa resistente a tratamientos convencionales. Tras administrar una dosis controlada de 25 mg de psilocibina con apoyo terapéutico, observaron cambios en zonas cerebrales asociadas a la regulación emocional, como la amígdala y la corteza prefrontal, lo que significó una disminución en los síntomas depresivos al día siguiente y efectos que se mantenían hasta cinco semanas después. 

El escenario en Chile

En Chile, la psilocibina sigue siendo una sustancia controlada bajo la Ley 20.000. Su comercialización y tráfico están prohibidos, pero el consumo personal no está penalizado, lo que ha generado un escenario particular: personas que recurren a microdosis por iniciativa propia y profesionales que optan por acompañar desde la reducción de riesgos.

Una de las voces más visibles en este ámbito es la psiquiatra Magdalena Sanfuentes, quien desde 2020 acompaña a pacientes que utilizan microdosis para tratar síntomas depresivos: 

“La perspectiva de acompañar en un inicio se basó en la reducción de riesgos. Dado que no existían vías de acceso legal para los tratamientos, aún sabiendo que existían beneficios potenciales del uso de hongos en contexto terapéutico, no se podía acompañar como tratamiento”, explicó a The Clinic.

Además, la especialista insiste en que no se trata de una cura automática: “La psilocibina, como todos los psicodélicos, no actúa como un fármaco. No es que haga el trabajo por sí sola. No es como mira te tomas esto y te vas a mejorar”, recalcando que el proceso debe ir necesariamente acompañado de psicoterapia.

Un reportaje realizado por TVN, titulado “Hongos que sanan: el poder de la psilocibina”, abordó la situación actual en el país y mostró testimonios de pacientes que utilizan microdosis con fines terapéuticos.

En el informe, uno de los pacientes relató su experiencia señalando que: “Se toma un día la microdosis, y se descansa dos días. Bajé como tres cambios”, describiendo una sensación de mayor estabilidad emocional.

El reportaje también expone que en Chile existe discusión para que la psilocibina pueda eventualmente cambiar de categoría regulatoria, lo que permitiría avanzar hacia estudios clínicos formales, en un proceso similar al que vivió la cannabis medicinal. Sin embargo, por ahora no existen ensayos clínicos oficiales en el país.

En esa línea, Sanfuentes recalca que el acompañamiento no implica prescripción, sino una lógica de salud pública: “No se deja de atender a alguien por consumir una sustancia ilícita pues para su salud sigue siendo mejor estar acompañado por profesionales de salud mental, que no estarlo. En Chile se respeta la autonomía de las personas y por esto no es delito el consumo. Un profesional de salud mental tampoco debería hacer un juicio moral, sino tratar de comprender y actuar en beneficio”.

La psiquiatra también enfatiza que el uso de microdosis no reemplaza el proceso terapéutico ya que la gente incluso puede salir de una sesión de macrodosis y tener más síntomas de los que tenía incluso antes de entrar: “Por eso se requiere de un proceso de preparación e integración con terapia. En el caso de las microdosis, hay que tener un acompañamiento permanente para ver qué es lo que se va mostrando, porque los cambios, llegan de manera mucho más sutil”.

Además, subraya que el efecto no es meramente químico porque “los datos que hacen en salud mental es la flexibilidad y poder re-direccionar las memorias traumáticas, por ejemplo. Eso no pasa por un químico, pasa por un proceso terapéutico y la combinación con la sustancia. No va solo como un efecto farmacológico puro”.

Avances fuera de Chile

En febrero de 2023, la Administración de Productos Terapéuticos de Australia (TGA, por sus siglas en inglés) reconoció la psilocibina como alternativa terapéutica para casos específicos de depresión resistente al tratamiento, permitiendo que psiquiatras autorizados puedan prescribirla bajo protocolos estrictos. La medida convirtió a Australia en uno de los primeros países en habilitar su uso regulado en el ámbito clínico, aunque bajo condiciones altamente controladas.

Mientras en países como Australia ya se avanza hacia modelos regulados y supervisados para casos específicos, en Chile el debate recién comienza a tomar forma institucional. Para Sanfuentes, el desafío no es sólo normativo, sino también científico y formativo: generar investigación local, establecer protocolos claros y asegurar que cualquier eventual implementación garantice seguridad y acompañamiento profesional. El camino hacia los ensayos clínicos aún requiere financiamiento y coordinación entre autoridades sanitarias y académicas, pero el interés creciente y la experiencia internacional podrían marcar el inicio de una nueva etapa en la discusión sobre salud mental y terapias poco convencionales en el país.

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