La pérdida de una mascota no es solo una despedida triste: puede convertirse en un duelo intenso, prolongado y clínicamente relevante.
Así lo confirmó una investigación liderada por el profesor Philip Hyland, de la Universidad de Maynooth (Irlanda), que analizó el impacto psicológico de la muerte de animales de compañía y lo comparó con el fallecimiento de un familiar cercano.
El estudio reveló que el duelo por una mascota presenta la misma estructura e intensidad psicológica que el duelo humano. Tristeza profunda, anhelo persistente, rabia y dificultad para retomar la vida cotidiana aparecen con patrones prácticamente idénticos, fenómeno que los investigadores denominaron “invarianza de medición completa” dentro del Trastorno de Duelo Prolongado (PGD).
Uno de los hallazgos más llamativos es que un 21% de los participantes que habían experimentado ambas pérdidas, humana y animal, señaló que la muerte de su mascota fue la experiencia más angustiante de su vida, incluso por sobre la pérdida de una persona cercana.
Un dolor real, pero poco validado
De acuerdo con la investigación, el duelo por una mascota tiene un riesgo considerable de evolucionar hacia un cuadro clínico complejo, especialmente cuando no existe contención emocional ni validación social.
En este contexto, la psicóloga Catalina Sepúlveda, fundadora de Psicología Compartida, explica a #EsHoy que la intensidad del dolor no depende sólo de la especie:
“La teoría del apego ha demostrado que la intensidad del duelo se relaciona con la calidad del vínculo, no con la especie del ser perdido”, señala.
A esto agrega que las mascotas están presentes en la rutina diaria y en momentos significativos de la vida, convirtiéndose en verdaderas figuras de apego: “Ofrecen compañía, afecto y, en muchos casos, seguridad y apoyo en procesos complejos o en la regulación emocional. Cuando ese vínculo se rompe, el cerebro procesa la pérdida de forma muy similar a la de un humano cercano”.
El rol emocional de las mascotas
Más allá del afecto, el vínculo cotidiano con un animal de compañía cumple un rol protector en la salud mental.
“La relación diaria con una mascota genera rutinas que dan estructura emocional y compañía constante. Ayudan a reducir la sensación de soledad y a regular el estrés y la ansiedad. En muchas situaciones cumplen un rol de sostén emocional en trastornos del ánimo, duelos previos o crisis vitales”, explica Sepúlveda.
“Estudios en psicología y neurobiología han demostrado que la interacción con mascotas puede disminuir el cortisol (la hormona del estrés) y aumentar la oxitocina, asociada al apego y al bienestar” añade.
Por eso, cuando una mascota muere, no solo se pierde al animal, sino también una base cotidiana de regulación emocional.
La diferencia no está en el dolor, sino en el permiso social
El estudio de la Universidad de Maynooth concluye que la principal diferencia entre perder a una persona y perder a una mascota no está en la intensidad del sentimiento interno, sino en el permiso social para expresarlo.
Mientras el duelo humano suele estar acompañado de rituales, apoyo y comprensión colectiva, el duelo animal se vive muchas veces en silencio, sin espacios formales de contención y bajo una presión social que empuja a superarlo rápido.
“Culturalmente se han jerarquizado los vínculos, llegando a considerar que solo las pérdidas humanas merecen un duelo. Invisibilizando el rol emocional de los animales”, plantea Catalina.
Según explica la psicóloga, cuando el entorno minimiza la experiencia, puede producirse lo que en psicología se denomina “duelo desautorizado”, es decir, un dolor que no cuenta con validación social.
Frases como “era solo un animal”, “cómprate otro” o “no es para tanto” pueden ser profundamente invalidantes: “No alivian el dolor, al contrario. Generan vergüenza por sentirse triste, culpa por sufrir ‘demasiado’ y una sensación de no ser comprendido. A veces se vive una doble pérdida: la mascota y el reconocimiento del vínculo”, advierte Sepúlveda.
Cuando el duelo se complica
Aunque el duelo es un proceso natural y no tiene una duración fija, puede transformarse en un problema clínico cuando el dolor deja de ser fluctuante y se vuelve persistente, intenso y desorganizante.
La especialista de Psicología Compartida explica que esto puede observarse cuando la persona no logra retomar actividades básicas como trabajar o estudiar, cuando el sufrimiento aumenta en lugar de disminuir con el tiempo o cuando aparecen síntomas como tristeza profunda constante, desesperanza, insomnio severo, ansiedad intensa o pensamientos de que la vida ya no tiene sentido.
El riesgo es mayor si existe una condición de salud mental previa, como depresión o trastornos de ansiedad, ya que la pérdida puede actuar como detonante.
Consejos para enfrentar un duelo por una mascota
De acuerdo con la revista Muy Interesante, algunos consejos que te pueden ayudar a llevar esta situación de una forma más sana, evitando que se complique hasta sumirte en una gran pena, son los siguientes:
- Tu dolor es legítimo: No te preocupes si te sientes muy triste; es lógico después de haber pasado años con tu mascota.
- Háblalo: No evites hablar de tus sentimientos ni los escondas. Desahogarte con alguien de confianza es un método perfecto para superar pérdidas.
- Controla lo que sientes: No niegues el dolor y sé sincero contigo mismo. Aceptar tu tristeza facilitará superar el duelo.
- Despídete de tu mascota si lo necesitas: Algunas personas optan por incinerar a su mascota y hacerle una despedida u homenaje. Enterrarla sin incineración previa es prohibido en muchos países.
- ¿Tener otra mascota?: El cambio de rutina tras la pérdida puede ser grande. Salir de paseo y mantener rutinas similares puede ayudar. Elegir una nueva mascota puede ser útil para algunos, pero la mayoría necesita tiempo para procesar sus sentimientos y cuidar de sí mismos.

