El amor inspira canciones, películas y también investigaciones científicas. Más allá de lo romántico, durante años distintos estudios han intentado descifrar qué ocurre en el cerebro y en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos, cuando nos dejan o cuando la rutina se instala. Por eso en #EsHoy recopilamos cinco hallazgos interesantes que ayudan a entender por qué amar puede sentirse tan intenso.
1. El amor es como una borrachera
¿Alguna vez escuchaste que alguien está “embriagado de amor”? Puede que no sea solo una metáfora. Un estudio publicado en 2015 en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews por investigadores de la Universidad de Birmingham sugiere que el enamoramiento activa procesos químicos similares a los que se producen tras consumir alcohol en exceso.
Durante esa primera etapa se libera gran cantidad de oxitocina (conocida popularmente como la “hormona del amor”), lo que genera euforia, desinhibición y una percepción intensificada del vínculo. El resultado: menos juicio crítico y más sensación de euforia.
2. Un cerebro enamorado se parece al de un adicto
Otro estudio, publicado en Frontiers of Human Neuroscience por científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hanui, analizó mediante resonancias magnéticas a 100 voluntarios: personas enamoradas, recién separadas y solteras.
Quienes estaban enamorados mostraban mayor actividad en áreas cerebrales vinculadas a la motivación, la recompensa y las habilidades sociales, patrones muy similares a los observados en conductas adictivas. El amor romántico, en sus primeras fases, comparte rasgos con la dependencia: búsqueda constante y fuerte activación emocional.
3. La ruptura duele (literalmente)
Tras una separación, muchas personas experimentan síntomas físicos y emocionales intensos. La disminución de compuestos asociados al bienestar, como la feniletilamina, puede generar ansiedad, insomnio y sensación de vacío, similares a un síndrome de abstinencia.
Algunas recomendaciones apuntan a enfrentar los primeros días como si se tratara de dejar una adicción: evitar el contacto con la ex pareja, reducir estímulos que reactiven el vínculo y apoyarse en actividades que ayuden a estabilizar el ánimo.
4. Las redes sociales pueden aumentar la infidelidad
¿Mirar el celular en plena cena terminó en discusión? ¿Compartir la contraseña fue buena idea hasta que alguien revisó cada chat buscando “pruebas”? Bienvenidos al amor en la era digital.
Hoy las redes sociales son parte del vínculo: fotos, likes, mensajes privados y hasta la hora de conexión. Según un post del portal Instituret, se estima que el uso de Facebook ha estado vinculado a millones de divorcios a nivel mundial, llegando a representar una de cada cinco rupturas en algunos reportes. No es que la app rompa parejas por sí sola, pero sí amplifica celos, inseguridades y sospechas.
Las redes sociales pueden acercar cuando hay distancia, permitir reencontrar amistades o saber si alguien está bien en medio de una emergencia. Pero también pueden convertirse en lupa: quién comentó, quién reaccionó, por qué agregó a su ex o qué hace en aplicaciones de citas como Tinder.
Lo curioso es que el cerebro no distingue demasiado entre lo virtual y lo presencial. Un mensaje ambiguo o un “like” insistente pueden sentirse tan amenazantes como una infidelidad real.
5. ¿Perdonar o no una infidelidad?
Una encuesta anónima realizada por la plataforma Second Love (página de citas para infieles) en Argentina reveló cifras llamativas sobre cómo se percibe hoy la infidelidad. El 89% de los consultados aseguró que puede sostener su matrimonio gracias a que es infiel, ya que eso les permite recuperar la adrenalina perdida con el paso del tiempo.
Además, el 64,93% afirmó que sería capaz de perdonar una infidelidad, un porcentaje mayor al registrado en años anteriores. El 53,58% señaló que la principal razón para engañar es el agotamiento de la monotonía y la rutina.
La encuesta también indicó que 8 de cada 10 parejas que atraviesan un episodio de infidelidad logran salvar su relación, mejorando la comunicación e incluso la vida sexual. Estos datos reflejan un cambio cultural: en ciertos contextos, la infidelidad comienza a interpretarse más como una señal de alerta dentro del vínculo que como un final inevitable.
Más allá de todos estos datos y los porcentajes, el amor no deja de sorprender. Cambia con el tiempo, se transforma, a veces duele y otras veces impulsa. Pero sigue siendo una de las experiencias más intensas que atravesamos. Y aunque la ciencia logre explicar sus mecanismos, la forma en que cada persona lo vive siempre tendrá algo único e irrepetible.


