Bailar con la guagüita en brazos, sostenerla de forma segura mientras el cuerpo se mueve y, al mismo tiempo, generar un espacio de conexión profunda. Esa es la base de la danza porteo, una práctica que combina el uso del porteo ergonómico con movimiento consciente, permitiendo fortalecer el vínculo afectivo, favorecer el desarrollo del bebé y acompañar el proceso físico y emocional de la maternidad.
A diferencia de una clase de baile tradicional, la danza porteo pone el foco en el apego seguro, el respeto por los tiempos del puerperio y la escucha del cuerpo. La madre comparte ritmo, contacto y presencia con su bebé, mientras ambos se benefician del movimiento: el lactante desde la regulación emocional y sensorial, la madre, desde la recuperación corporal y el bienestar emocional.
En la Región de Coquimbo, esta práctica se ha ido consolidando gracias a los talleres que imparte @sue_mundomom, un espacio que reúne a madres de distintos territorios y realidades, y que ha ido creciendo hasta transformarse en una verdadera red de apoyo.
El taller es liderado por Sue-Hellen Aguirre, instructora de danza porteo y especialista en pre y postparto, formada en Durga Chile, la única escuela de porteo del país. Su trabajo integra conocimientos de puerperio, psicología perinatal, entrenamiento corporal y estimulación temprana, lo que se traduce en una propuesta amplia y cuidadosa.
En conversación con #EsHoy, Sue explica que: “la danzaporteo es una práctica en la que tú bailas junto a tu bebé utilizando un porteo ergonómico. Mientras el adulto sostiene de forma segura y respetuosa, va compartiendo el ritmo, el contacto y la presencia. No es solamente bailar, sino que se trata de vincular, de escuchar el cuerpo y de crear una conexión profunda entre quien porta y el bebé”.
Además, el porteo responde a una necesidad biológica y emocional del bebé: “Nuestra guagüita estuvo dentro de nosotras casi nueve meses y hay una teoría que existe que es la exogestación, que se demoran ocho meses más afuera en tener un óptimo crecimiento, pero pegado a su mamá”, explica la instructora, agregando que el porteo ergonómico favorece el desarrollo y bienestar del lactante, mientras la madre también se beneficia: “Liberamos endorfinas, serotonina, nos reímos, nos emocionamos y tenemos las manos libres, lo que te permite desplazarte aún más”.
Lo que comenzó solo como danza porteo hoy es un taller con una estructura integral, pensada según las necesidades de cada dupla mamá-bebé. Por eso, la jornada parte con la danza y continúa con trabajo de cuidado del cuerpo de la madre, incorporando técnicas como yoga, pilates, taichí, hipopresivos y trabajo funcional:
“No es lo mismo hacer ejercicio en una mamá que tiene un mes recién de tener a su guagüita que una mamá que lleva seis meses, entonces el trabajo también se hace personalizado y focalizado por grupos”, explica Sue.
Luego viene un espacio de estimulación temprana, donde se trabaja el área sensorial, el sistema nervioso y la conciencia corporal del bebé, para finalizar con un conversatorio de contención emocional:
“Contamos alguna novedad de la semana, qué nos ha servido, cómo hemos superado algún contratiempo en la maternidad (…) apoyando mucho a las mamás primerizas”, comenta.
La maternidad acompañada: mucho más que un taller
Más allá del movimiento, uno de los pilares del espacio es el acompañamiento emocional. Para Sue-Hellen, la danza porteo responde a una realidad muchas veces invisibilizada:
“La maternidad es muy solitaria. Muchas mamás no tienen redes, son de otros lados, están solas con su guagüita o el marido trabaja por turnos, y así es muy difícil estar con un bebé”, señala.
“Este taller te distrae, pero también te hace mirarte a ti, porque muchas veces estamos en piloto automático con nuestra guagua y no nos preocupamos de cómo estamos emocional y físicamente”.
Ese acompañamiento se fortalece en los conversatorios que cierran cada sesión, donde las mamás comparten experiencias, dudas y emociones, y también fuera del taller:
“Hay algo muy bonito que se da acá y que trasciende. Las mamás se empiezan a hacer amigas. De hecho, en todos los cumpleaños número uno de los bebés invitan a las mamás del taller y vamos a sus casas. Es lo que yo también les digo: ‘intercambien los teléfonos, háganse amigas, salgan a pasear juntas, se van a dar cuenta que el día pasa más rápido”, agrega Sue.
La experiencia de las mamás
Entre quienes participan se encuentra Mitzy Ovando, enfermera y madre de Ema, una de las bebés más grandes del taller con 1 año y dos meses. Ambas asisten al taller desde que Ema tenía solo 8 meses.
“El taller es full dinámico y pasamos por muchas emociones. Yo ya porteaba a mi bebé por un tratamiento, pero bailar y conectar con la música es otra cosa. La música y las coreografías que hace Sue son heavy, sobre todo cuando una está súper sensible con la maternidad”, cuenta Mitzy.
Recuerda que el primer día llegó con inseguridades, pero rápidamente se sintió acogida: “Iba con miedo por si mi bebé iba a llorar o si yo me iba a sentir cómoda. Pero fue hermoso. Las mamás son un amor y Sue está siempre pendiente de cómo porteamos, revisando si estamos cómodas, bebé y mamá”.
“Estamos mucho más conectadas” señala. “Yo la miro y sé al tiro qué es lo que siente o quiere, y ella también percibe cuando yo estoy contenta. Nos ha servido harto”.
Otra de las asistentes es Débora Pacheco, operadora de maquinaria pesada en una mina subterránea de Antofagasta y madre primeriza de Abigail, de siete meses. Llegó al espacio durante el embarazo, buscando, como muchas, mantenerse activa:
“Antes practicaba boxeo, hacía twerk y andaba mucho en bicicleta. Por el embarazo ya no pude hacerlo así que busqué ejercicios para embarazadas y encontré a la Sue. Empecé con ella desde la semana 14 o 16 y me mantuve casi hasta el final del embarazo”.
Tras el nacimiento de su hija, continuó asistiendo al taller: “Empezamos desde el mes y hasta el día de hoy seguimos. La Abi tiene siete meses y el próximo mes pasaremos al grupo de los niños más grandes”.
Además de la estimulación del bebé, Débora destaca el impacto en su forma de maternar: “Mi pareja siempre dice que no sabe cómo hubiera sido yo sin este taller. Acá he aprendido a soltar, a no ser tan aprehensiva con la guagüita”.
Una comunidad que crece en la región
El taller de danza porteo que hoy se realiza en la región no solo convoca a madres de una misma ciudad, sino que se ha transformado en un punto de encuentro para mujeres de distintas comunas y contextos. Así lo destaca Sue-Hellen, quien subraya el carácter territorial y descentralizado de esta experiencia.
“Yo tengo mamás que vienen de La Higuera, de Alto del Sol, de Coquimbo y La Serena. Y es hermoso ver diferentes realidades y que todas converjan en una sola palabra, que es amor, amor a nuestra guagüita”, relata.
Desde su mirada, el arraigo que ha logrado la danza porteo en la zona no es casual: “Coquimbo siempre se ha caracterizado por ser una región artística y, de alguna forma, esto también descentraliza prácticas que muchas veces solo se ven en Santiago”, señala, explicando que, aunque han existido experiencias similares, no siempre han logrado sostenerse en el tiempo.
Actualmente, el espacio reúne a cerca de 50 madres, consolidándose como una comunidad activa que va más allá de las sesiones semanales: “Una vez al mes hacemos encuentros con la familia, donde participa el papá, la abuela, compartimos, almorzamos juntos y realizamos distintas actividades”, cuenta Sue.
En esa misma línea, el taller ha ido incorporando instancias específicas para fortalecer el rol de los padres y cuidadores: “Últimamente, una vez al mes, hacemos conexión papá-bebé, para que el papá también pueda participar, se le entregan algunos tips de crianza positiva y se genera ese vínculo”, explica.
Para Sue-Hellen, que esta experiencia exista y crezca en la Región de Coquimbo tiene un valor especial: “Para mí es maravilloso que sea descentralizado y que exista aquí, en la región. Me siento muy orgullosa de llevar harto tiempo haciéndolo y de que cada vez sean más y más mamás”, concluye.
Proyección: un taller que busca llegar más lejos
La experiencia que hoy se vive en cada sesión de danza porteo es, para Sue-Hellen, el inicio de un camino que busca expandirse hacia más mujeres y más territorios, especialmente allí donde la maternidad suele transitar en soledad.
“Sueño que llegue a más familias, más territorios, más corazones (…) también quiero trabajar en el sistema público. He golpeado algunas puertas, pero siempre dicen que no hay recursos. Me gustaría trabajar en CESFAM y preparar yo instructoras de danza porteo o mujeres especialistas en puerperio”, plantea.
Su proyección apunta no solo a ampliar el alcance del taller, sino también a formar a otras mujeres que puedan replicar esta experiencia de acompañamiento desde una mirada integral de la maternidad: “Quiero a futuro poder hacer una escuela en la cual pueda enseñar y también formar a estas mamás, así como me formé yo, y poder ser aún más y llegar a aún más mamás, y que sea parte de alguna política pública”, señala.
Mientras ese horizonte se proyecta, Sue continúa fortaleciendo la comunidad que ya se ha formado en torno a la danza porteo, un espacio que trasciende la actividad física y que se ha consolidado como una red de apoyo real: “Quiero poder dar a conocer este taller, seguir creando comunidad, formando redes, creciendo un espacio donde el cuerpo, el vínculo y la ternura tengan un lugar primordial”, concluye.
Si quieres participar, los talleres de danza porteo tienen valores desde $12.000 por clase hasta $35.000 la mensualidad y se realizan todos los días viernes en Espacio Sanar – Bergantin 63.
- 10:30 horas: mamás y bebés de 1 mes a 7 meses
- 15:30 horas: mamás con bebés de 8 meses a 18 meses
Las inscripciones y consultas se realizan directamente a través del Instagram @sue_mundomom.


