Cada 31 de diciembre, cuando el reloj se acerca a la medianoche, hay una melodía que se impone sin pedir permiso. “Un año más” suena en radios, televisores y fiestas familiares, marcando el cierre de un ciclo y el inicio de otro. Convertida en una suerte de ritual colectivo, la canción trascendió el Año Nuevo y hoy acompaña cumpleaños, aniversarios y celebraciones de todo tipo. Sin embargo, su origen dista mucho del ambiente festivo con el que se asocia actualmente.
El autor del tema fue Hernán Gallardo Pavéz, compositor coquimbano responsable de más de dos mil canciones, quien nunca pensó su obra más famosa como una cumbia ni como una canción para recibir el cambio de calendario. En rigor, “Un año más” nació como una balada lenta y nostálgica, marcada por la pérdida y la soledad.
Diversos relatos —algunos incluso contradictorios— sitúan su creación en 1977, en Coquimbo. Una de las versiones más difundidas indica que Gallardo escribió la canción mientras atravesaba un complejo momento personal, recordando su antigua casa y a familiares y amigos que ya habían fallecido. De ahí surgió una letra reflexiva que no menciona explícitamente el Año Nuevo: “Son 15, son 20, son 30… no importa los años que tienes, es el tiempo el que no se detiene”.
Esta historia fue recogida en una tesis elaborada por exestudiantes de Pedagogía en Educación Musical de la Universidad de La Serena, donde se describe que la canción fue concebida una noche de luna llena de diciembre. Según ese trabajo académico, Gallardo meditó sobre “sus años de gloria y los actuales, de tristeza y soledad”, componiendo una balada “triste y melancólica” que tituló originalmente Un año más.
Otra versión fue entregada por Héctor “Tito” Rojas, ex cantante de Los Cumaná y Makalunga, quien relató al sitio especializado tiesosperocumbiancheros.cl que el propio Gallardo le explicó el contexto de la composición. “Esa balada la había hecho cuando su padre murió y él cayó en una depresión”, recordó Rojas, agregando que el autor le aclaró que el tema no estaba pensado para Año Nuevo. “Nunca fue para año nuevo, si el tema nunca dice año nuevo, nunca dice”, sostuvo.
En un comienzo, Gallardo ofreció la canción al grupo Los Cumaná, pero el proyecto no prosperó y la banda terminó disolviéndose. Posteriormente, Makalunga realizó una primera versión bailable, seguida por una interpretación de Los Vikings 5, donde el tema comenzó a tomar una forma más cercana a la que hoy se conoce.
El punto de inflexión llegó en 1978, cuando Gallardo trabajaba como pianista en el restaurante Alcázar, en Coquimbo. Allí, Marty Palacios, trompetista de la Sonora Palacios, escuchó “Un año más” y decidió llevarla al estudio. Seis meses después, la orquesta la grabó y la convirtió en un éxito nacional. Más tarde, la versión de La Sonora de Tommy Rey consolidó definitivamente la canción como un himno de fin de año.
Paradójicamente, mientras su obra se transformaba en una tradición transversal, la vida de su autor estuvo marcada por la precariedad. Pese a componer éxitos como Cartero del amor o Yo tenía un pantalón de color salmón, Gallardo terminó viviendo en una mediagua, acompañado solo por su teclado Roland y un televisor.
En la serie documental Do-Remix, producida por Zoo Films y emitida por TVN, el propio compositor explicó el trasfondo emocional de su creación más famosa. “Hacía poco tiempo que había perdido a mis padres. Entonces eso te genera un dolor y uno, después de eso, cuando queda solo en este mundo, recién valorizas un poco lo que fueron los padres de uno”, confesó.
Gallardo también relató en ese registro su estrecho vínculo familiar con la música. Su madre fue quien le enseñó las primeras notas en el piano, mientras que su padre lideraba la voz de la orquesta familiar. Incluso, cuando no tenía instrumentos, recurría a la imaginación. “Yo dibujaba el piano, así componía. No tenía órgano, el piano nomás… y yo dibujaba el teclado y así me imaginaba el sonido y componía”, relató.
Desde el punto de vista musical, “Un año más” también llamó la atención por estar compuesta en Re menor, un tono poco habitual en la cumbia. “La mayor parte de mis canciones son tristes porque son en tonos menores, el tono menor siempre es triste”, explicó el músico en entrevistas, lamentando no haber recibido mayor reconocimiento en vida.
Hernán Gallardo falleció el 7 de julio de 2013, a los 85 años, en el Hospital de Coquimbo. Su ciudad le otorgó un reconocimiento póstumo por su aporte a la música tropical chilena. Y aunque su historia personal estuvo lejos del brillo del éxito, cada Año Nuevo su nombre vuelve a resonar, escondido entre los acordes de una canción que nació del dolor y terminó uniendo a todo un país.


