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¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando estacionamos?

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¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando estacionamos?

Seguramente en cada uno de tus viajes en auto disfrutas poner tu música favorita y a todo volumen durante el recorrido mientras conduces, pero al llegar a tu destino y buscar un lugar donde estacionarte irónicamente bajas el volumen de la radio para estar más concentrado y tener mayor visualización del entorno y así poder estacionarte correctamente. Esto ha sido objeto de incontables burlas en internet, pero en realidad es funcional.

En primer lugar, todo se trata de la cantidad de concentración que nuestro cerebro puede aplicar a una o múltiples tareas al mismo tiempo. Las personas debemos usar nuestros recursos mentales en las tareas más complicadas, y estacionarse es una de las más difíciles al momento de manejar.

“Nuestro cerebro tiene unos recursos atencionales limitados. Mientras que conducir por una autopista o por calles que ya conocemos se puede hacer en piloto automático, ya que consume pocos recursos, estacionar no es algo rutinario”, comentó a diario El País Manuel Martín-Loeches, profesor titular de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid.

Además, el especialista indica que música afecta a casi todas las áreas del cerebro, “si estamos pendiente de la música, ya que la captamos de forma automática y no la podemos ignorar, el cerebro atiende a ella en lugar a lo que en ese momento es necesario”, lo que genera que no se pueda pensar correctamente al momento de realizar la acción de estacionarse para dejar todos los recursos disponibles para realizar esa tarea en específico y que es más compleja de llevarla a cabo.

Según el psicólogo israelo-estadounidense y ganador de un Premio Nobel, Daniel Kahneman, afirma en uno de sus libros Thinking fast and slow que estacionar requiere de un tipo de pensamiento lento, que necesita de mucha racionalidad, por lo que gasta más energía. Por ello, automáticamente se dejan de realizar otro tipo de actividades, incluso escuchar la radio«.

Kahneman expone que “aunque somos capaces de andar a un ritmo vivo y hablar a la vez, si le pedimos a la persona con la que conversamos que calcule 23 por 78, seguramente dejará de caminar, ya que no le quedan recursos ni tan siquiera para rutinas intuitivas como poner un pie después del otro”.

Por: Jimena Vargas Toro

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